En un pueblo olvidado llamado Paso Chico, Marga carga una maldición invisible desde su nacimiento. Marcada como «yeta» por una inundación que devastó la comunidad el día que llegó al mundo, la adolescente experimenta la exclusión…
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En un pueblo olvidado llamado Paso Chico, Marga carga una maldición invisible desde su nacimiento. Marcada como «yeta» por una inundación que devastó la comunidad el día que llegó al mundo, la adolescente experimenta la exclusión silenciosa de sus vecinos. Cuando Recio, un forastero misterioso, arriba al pueblo, su presencia despierta fuerzas dormidas que cuestionarán las verdades que todos creían inamovibles.
Paso Chico es un pueblo pequeño donde el tiempo transcurre con la lentitud de la desesperación. Sus habitantes viven pegados a la tierra, a los ríos, a supersticiones enquistadas en la memoria colectiva. Allí existe una niña llamada Marga Araújo Araújo, cuyo apellido duplicado es reflejo de un vacío mayor: la ausencia de padre, la ausencia de futuro. Desde su nacimiento, trece años atrás, Marga ha sido portadora involuntaria de una maldición que nadie sabe bien cómo explicar, pero que todos juran que existe.
La maldición de Marga nació en un enero de 1994, cuando su llegada al mundo coincidió con una inundación devastadora que arrasó casas, mató animales y personas. Su madre murió en el parto mientras la lluvia caía sin piedad. Desde entonces, el pueblo decidió en silencio que la recién nacida era yeta, que traía desgracia, que había que mantener distancia. Justa, su abuela, y Olga, una mujer sin hijos que tuvo que amamantarla, fueron las únicas que le dieron cobijo.
En el presente de la novela, llega Recio a Paso Chico. Es un forastero de dieciocho años que aparece del río en una canoa destrozada, con una mancha de nacimiento que parte su frente y un hambre que lo consume. El pueblo lo integra en un sistema antiguo: el mismo que rotaba la imagen de la Virgen de casa en casa, ahora rotará a Recio. Una semana en cada hogar, comida y techo a cambio de compañía.
Pero Recio no es solo un forastero más. Su llegada pone en movimiento fuerzas dormidas bajo la superficie de Paso Chico. Marga lo ve, y algo en ella despierta. La novela se despliega con una prosa que mezcla lo crudo con lo poético, donde los cuerpos y sus deseos conviven con la ausencia y la superstición. Es una historia sobre cómo las comunidades marginalizadas tejen tramas de culpa y redención, cómo los forasteros pueden ser tanto salvación como confirmación de lo que siempre se temió.