Biografía de Carlos III de Borbón que recorre con igual detenimiento sus dos reinados —Nápoles y Sicilia (1734-1759) y España (1759-1788)— para mostrar cómo el joven infante educado en Madrid se convirtió en uno de los monarcas reformistas…
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Biografía de Carlos III de Borbón que recorre con igual detenimiento sus dos reinados —Nápoles y Sicilia (1734-1759) y España (1759-1788)— para mostrar cómo el joven infante educado en Madrid se convirtió en uno de los monarcas reformistas más influyentes de la Europa del siglo XVIII.
Pocas figuras del Setecientos europeo permiten observar tan bien la formación de un rey como Carlos de Borbón, y pocas han sido contadas de manera tan fragmentaria. Este libro parte precisamente de esa fractura: la historiografía italiana ha reconstruido al soberano de Nápoles y Sicilia; la española, al monarca que gobernó desde Madrid durante casi tres décadas. Aquí ambos periodos reciben el mismo espacio, porque solo al ponerlos uno junto a otro se hace visible el hilo que los une: una madurez política adquirida lentamente en el Mezzogiorno y desplegada, ya tardíamente, en la corona española.
El relato arranca antes del protagonista. En la noche del 20 de enero de 1716 nace en Madrid el primogénito de Felipe V e Isabel de Farnesio, y con él nace también un proyecto dinástico. La reina italiana, de voluntad férrea y ambición sin descanso, se propone conseguir un trono para un hijo al que la línea sucesoria excluye de antemano. A su lado, el abad Julio Alberoni teje alianzas, rupturas y guerras —Cerdeña, Sicilia, la Cuádruple Alianza— con el objetivo de devolver a España al tablero italiano y asegurar a Carlos la herencia de Parma, Plasencia y Toscana. Entre tratados firmados a regañadientes, compromisos matrimoniales rotos por razones de amor propio cortesano y vasallajes impuestos por Viena, el infante crece rodeado de preceptores que le inculcan lenguas, historia, táctica militar y, sobre todo, un culto casi fanático a la dignidad del cargo.
De esa formación sale el rey que llegará a Nápoles: el impulsor de Caserta y del teatro San Carlos, el promotor de las excavaciones de Pompeya y Herculano, el que apadrina la porcelana de Capodimonte y ensaya, con Montealegre, una política de reformas que los estamentos privilegiados frenan en seco. El mismo esquema se repetirá en España, donde el reformismo vuelve a interrumpirse bruscamente con los motines de 1766, la caída de Esquilache y la expulsión de los jesuitas, antes de retomarse en los últimos años con Floridablanca. Entre uno y otro reinado permanece una constante: el jurista toscano Bernardo Tanucci, consejero en Nápoles y corresponsal incansable durante la etapa española, cuyo epistolario constituye una de las columnas documentales de esta investigación, junto a los archivos y bibliotecas de Nápoles, el Archivo Histórico Nacional y Simancas.
El libro no elude las disputas que la figura del monarca sigue provocando. Recoge a los apologistas y a los críticos —de Becattini y Bianchini a Schipa y Coniglio, de Fernán Núñez y Danvila a Maravall, Elorza o Sánchez-Blanco— y se apoya en las lecturas más matizadas de Ajello, Galasso y Domínguez Ortiz para preguntarse qué hubo de continuidad y qué de ruptura, cuánto de Ilustración auténtica y cuánto de absolutismo centralista, si el motín de Esquilache fue estallido popular o conjura de los privilegiados. El resultado es el retrato de un soberano cuya personalidad se entiende mejor en el modo en que afrontó los problemas de dos reinos distintos: una biografía política que restituye la unidad de una vida que la historiografía había partido en dos.