Un ensayo histórico que sostiene que la esclavitud africana en las Américas no fue un episodio marginal o vergonzante ya superado, sino el motor económico que financió el nacimiento del capitalismo industrial británico, entrelazando el…
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Un ensayo histórico que sostiene que la esclavitud africana en las Américas no fue un episodio marginal o vergonzante ya superado, sino el motor económico que financió el nacimiento del capitalismo industrial británico, entrelazando el tráfico triangular, las plantaciones de azúcar, tabaco y algodón, y el propio interés material —más que la conciencia moral— detrás de su abolición.
Escrito entre los años treinta y cuarenta del siglo XX por el historiador y político trinitense Eric Williams, este ensayo revisa la historia económica del Atlántico para argumentar que la esclavitud negra fue condición necesaria, y no accidente lamentable, del despegue capitalista en Gran Bretaña. Partiendo de la rivalidad colonial abierta por el reparto papal del Nuevo Mundo entre España y Portugal, y del desafío posterior de Inglaterra, Francia y Holanda, el autor reconstruye cómo la explotación de las tierras americanas exigió mano de obra masiva allí donde el trabajo libre europeo resultaba insuficiente. Analiza primero el fracaso de la esclavización indígena, la etapa intermedia de los sirvientes blancos —contratados, redimidos, condenados o desterrados por motivos políticos y religiosos— y finalmente la consolidación del tráfico africano como solución estable para el cultivo intensivo de azúcar, tabaco y algodón. Frente a lecturas moralizantes que reducen la esclavitud a un exceso corregido por el humanitarismo británico, el libro defiende una tesis materialista: las plantaciones esclavistas impulsaron el comercio intercontinental, financiaron industrias de transformación y enriquecieron los puertos atlánticos, y su abolición posterior respondió tanto a los costes crecientes del monopolio azucarero antillano como a los nuevos intereses del capitalismo industrial, no solo a la acción de las campañas abolicionistas. La obra se inscribe además en una tradición de historiografía caribeña y negra —junto a autores como C. L. R. James, Walter Rodney o Eugene Genovese— que reivindica el papel de las diásporas y las revueltas esclavas en la formación del mundo moderno, y invita a leer la historia del capitalismo global como inseparable de la historia de la esclavitud atlántica.
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