En la última noche de trabajo en la aldea navideña de un centro comercial, dos compañeras disfrazadas de ayudantes de Santa descubren que ninguna tiene con quién pasar la Nochebuena.
Descargar
En la última noche de trabajo en la aldea navideña de un centro comercial, dos compañeras disfrazadas de ayudantes de Santa descubren que ninguna tiene con quién pasar la Nochebuena. Un pantalón olvidado las obliga a volver a casa con el traje puesto, y esa casualidad convierte una velada solitaria en un encuentro íntimo regado con sidra. Relato erótico breve, narrado en primera persona, sobre el deseo entre dos mujeres, la complicidad y una Navidad que nadie esperaba celebrar.
Ames y Mica trabajan de elfas en la aldea de Santa que un centro comercial monta cada diciembre. La historia arranca justo cuando termina el turno más largo de la temporada: se apagan los villancicos, se cierra la fila de las fotos y ambas se retiran al cambiador con la única ambición de quitarse el disfraz. Allí, un descuido mínimo —Mica ha olvidado los pantalones— altera el plan de la noche y las obliga a salir a la calle todavía vestidas de duendes.
Lo que sigue es un trayecto corto y una conversación aún más breve. Las dos confiesan, casi de pasada, que la Navidad hace tiempo dejó de significarles algo: familias lejanas, cena congelada, la certeza de que nadie las espera en ninguna mesa. Esa coincidencia, más que el disfraz, es lo que las acerca. La narradora decide acompañar a Mica hasta su departamento, donde una botella de sidra —regalo de un padre que trabaja en una fábrica de vinos— sustituye al brindis familiar que ninguna va a tener.
El relato es explícito y no lo disimula: la segunda mitad transcurre casi entera en el sofá de Mica y describe con detalle el encuentro sexual entre ambas, con la sidra fría convertida en elemento central del juego y el traje de elfa nunca del todo retirado. La voz narradora, en primera persona, alterna el registro sensual con un humor autoconsciente sobre lo absurdo de la escena: dos ayudantes de Santa, unas orejitas puntiagudas, vasos desechables porque no hay copas, villancicos que se filtran desde el departamento vecino y las luces de un árbol ajeno parpadeando al otro lado de la ventana.
Bajo la anécdota erótica late un texto sobre la soledad de las fechas señaladas y sobre el atractivo de improvisar compañía cuando el calendario obliga a celebrar. Ninguna de las dos busca una historia de amor ni la promesa de nada: buscan no pasar la Nochebuena a solas, y la pieza se cierra sin más moraleja que el amanecer del 25 de diciembre. Narración breve, de una sentada, dirigida a público adulto.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.