Marzo de 1938: mientras Hitler anexiona Austria, el embajador checoslovaco Jan Masaryk advierte desesperadamente al ministro británico Lord Halifax que su nación enfrenta la aniquilación.
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Marzo de 1938: mientras Hitler anexiona Austria, el embajador checoslovaco Jan Masaryk advierte desesperadamente al ministro británico Lord Halifax que su nación enfrenta la aniquilación. La obra reconstruye la historia de la República Checoslovaca, la única democracia funcional en Europa Central: una sociedad moderna, cosmopolita e industrializada, pero atrapada entre potencias, con alianzas cada vez más débiles. Una tragedia donde la diplomacia y la modernidad resultan impotentes ante la implacable expansión del III Reich.
Marzo de 1938. Mientras las tropas alemanas avanzan sobre Austria consumando el Anschluss, el embajador checoslovaco Jan Masaryk se entrevista urgentemente con Lord Halifax, el nuevo ministro de Asuntos Exteriores británico. En la conversación que da título a este libro, ‘La mirada de la boa’, Masaryk intenta advertir a Halifax de que la anexión de Austria es solo el primer paso de un apetito insaciable. Halifax, educado en Eton sin experiencia en política exterior, apenas comienza a comprender la gravedad de la situación.
Nacida en 1918 de las cenizas del Imperio Habsburgo, la República Checoslovaca se convirtió en la única democracia funcional en una Europa Central dominada por autoritarismos. Bajo el liderazgo de Tomáš Masaryk como presidente y Edvard Beneš como su sucesor, la República desarrolló una economía moderna e industrializada, con una capital cosmopolita que irradiaba sofisticación. Praga de los años treinta era la ‘capital mágica de Europa’ según André Breton.
Sus avenidas relucían de automóviles modernos y carteles de neón, sus almacenes exhibían arquitectura funcionalista de vanguardia, sus cafés acogían a refugiados y exiliados de todas las naciones. Judíos, checos, eslovacos, gitanos y extranjeros convivían en una ciudad que representaba los valores democráticos de Occidente en el corazón de Europa.
Pero esta prosperidad descansaba sobre alianzas precarias. Checoslovaquia confiaba en Francia, la Sociedad de Naciones y la Unión Soviética, mientras sus vecinos —Polonia y Hungría— no le eran amigos y la Pequeña Entente con Yugoslavia y Rumania mostraba grietas crecientes.
Para Hitler, Checoslovaquia era un obstáculo intolerable: una potencia militar aliada de Francia y la URSS, un refugio de opositores políticos, un territorio cuyas riquezas industriales y espacio vital eran necesarios para la expansión germana. Era un antagonista ideológico que representaba los valores democráticos que el nazismo buscaba erradicar.
Con la metáfora de la boa que necesita semanas para digerir su festín, Masaryk comprendía el peligro. Este libro es la historia de cómo una pequeña nación democrática, moderna y cosmopolita fue tragada por la máquina totalitaria, de cómo sus ciudadanos descubrieron que la pertenencia a la civilización occidental no era garantía de supervivencia en el siglo XX.
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