Basta que ceda una repisa cargada de vajilla para que la vida de Fina se descoloque entera. En una casa de Blanes, a un paso del Mediterráneo, lo que empieza como una reforma de cocina se convierte en el pretexto para mirar de frente doce…
Descargar
Basta que ceda una repisa cargada de vajilla para que la vida de Fina se descoloque entera. En una casa de Blanes, a un paso del Mediterráneo, lo que empieza como una reforma de cocina se convierte en el pretexto para mirar de frente doce años de pareja, un duelo todavía tibio y una rutina que se sostenía por inercia. Mercè Ruscalleda firma una novela doméstica y tragicómica, de humor franco y sensualidad sin remilgos, donde el desorden de las obras acaba destapando el emocional.
Fina y Jon llevaban doce años de convivencia apacible en una casa de madera rodeada de bosque, cerca de Girona, a la que llamaron La Pajarera. La enfermedad y la muerte de la madre de Fina primero, y el declive de su padre después —encerrado en su casa de Blanes con el enfado intacto y las persianas del ánimo bajadas—, los empujan a mudarse al pueblo pesquero de la Costa Brava. Fina asume el cuidado sin discutirlo consigo misma: ya lo hizo una vez y volvería a hacerlo. Cuando la casa deja de ser un refugio provisional para convertirse en el domicilio definitivo, la pareja arrastra hasta allí también lo que no había querido nombrar.
El detonante llega una noche de primavera, con la cena a medias y los catálogos de vacaciones abiertos sobre la mesa: la cocina se viene abajo con estrépito. Los muebles carcomidos, las puertas que ya no cerraban, la madera engordada por capas de pintura llevaban años avisando. Frente a la elección entre el viaje de verano y las obras, Fina decide por los dos, porque Jon se desentiende con una frase seca que le deja las palabras atascadas en la garganta. A partir de ahí, cada intento de acercamiento —una cena preparada con esmero, un delantal escogido con picardía, una caricia bajo el edredón— tropieza con un silencio nuevo.
Entonces aparece Bob. Un contratista de barba fornida y humor andaluz, cliente del hijo mayor de Fina, que promete presupuesto ajustado y dos o tres semanas de trabajo. La intuición de ella protesta desde el primer momento: apenas lo conoce, el trato real es con su mujer, la elección no parece la mejor. Fina la desoye, porque necesita que algo avance, y sella el acuerdo. El andamio se anuncia para las nueve de la mañana y no llega nadie. Es el primer aviso de una obra que amenaza con mover los cimientos de la casa y, de paso, los de la pareja.
Alrededor de esa trama principal se enreda una comedia doméstica de puertas adentro: Vilma, la perra que descubre cómo abrir el armario de la basura; las hijas adolescentes de Jon, que cada quince días desbordan la casa; un experimento botánico casero en un frasco reutilizado que acaba en urgencias y desemboca en un dilema moral pequeño y muy revelador sobre a quién conviene dejar cargando con la culpa.
Ruscalleda escribe desde lo real —la protagonista no ha querido esconder su identidad— y cierra cada capítulo con una reflexión breve, ofrecida sin doctrina, para quedarse solo con lo que resuene. El resultado es una novela de cocina y patio, de facturas y deseo, sobre una mujer de cincuenta y tres años que descubre que reformar una casa puede ser la manera menos evidente de preguntarse qué quiere hacer con su vida.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.