Un compendio ilustrado que reúne a treinta escritoras de distintas épocas, lenguas y tradiciones y las presenta bajo una misma figura: la bruja. Cada autora recibe una ficha breve con sus datos vitales, un puñado de viñetas en prosa que…
Descargar
Un compendio ilustrado que reúne a treinta escritoras de distintas épocas, lenguas y tradiciones y las presenta bajo una misma figura: la bruja. Cada autora recibe una ficha breve con sus datos vitales, un puñado de viñetas en prosa que imaginan su mundo interior como si fuera un relato fantástico, una semblanza biográfica y una lista de lecturas por donde empezar. El resultado es a la vez guía de iniciación literaria y galería de retratos.
Este libro parte de una premisa sencilla y sostenida con rigor: que escribir se parece a conjurar, y que por tanto la palabra bruja —usada durante siglos como insulto y hoy reivindicada como emblema— describe bien a las mujeres que han construido mundos con el lenguaje. Sobre esa idea se levanta una galería de treinta autoras que atraviesa continentes y milenios, desde la poeta lírica de la antigua Grecia hasta narradoras y poetas vivas.
La estructura se repite con precisión de ritual. Cada escritora abre con su nombre, su oficio y sus fechas, seguidos de un epíteto que la define por sus obsesiones: los páramos y el romance áspero, las semillas y el porvenir de la especie, el horror doméstico de los pueblos pequeños, el invierno y la resistencia. Vienen después tres estampas en prosa que no explican una vida sino que la sueñan: Emily Brontë escuchando lo que las hormigas dicen en la corteza de un árbol, Octavia Butler regando cabezas humanoides en su invernadero, Sylvia Plath desdoblada en tres hologramas, Anne Carson perseguida de noche por fantasmas que discuten en griego antiguo. Solo entonces llega el párrafo biográfico, sobrio y documentado, que devuelve a la autora a su circunstancia real: la enfermedad, el exilio, la censura, la maternidad, el trabajo doméstico, la persecución política. El cierre es siempre una lista de lecturas recomendadas, jerarquizada por criterios prácticos y afectivos —por dónde empezar, cuál es la obra maestra, cuál conviene llevar encima.
Ese vaivén entre lo fabulado y lo verificable es el hallazgo del libro. Las viñetas funcionan como pequeños conjuros surrealistas y las semblanzas como contrapeso histórico; juntas producen un retrato que no idealiza ni reduce. Aparecen la pobreza y el racismo que enmarcaron a Butler, el encierro que padeció Eileen Chang, la vigilancia estalinista que le costó a Anna Ajmátova un marido ejecutado y un hijo en los campos, la esvástica pintada en la casa de Shirley Jackson, el lupus que devolvió a Flannery O’Connor a la granja materna, el papel pintado que Charlotte Perkins Gilman convirtió en diagnóstico de una época.
Las ilustraciones acompañan cada entrada con una iconografía deliberadamente devocional, cercana a la estampa religiosa y poblada de símbolos, que traslada a las escritoras del terreno biográfico al de la leyenda. Un prefacio de las autoras y un prólogo introductorio explican la genealogía del término, su etimología incierta —sabiduría, sauce, la capacidad de doblarse sin romperse— y el parentesco entre el vocabulario del oficio mágico y el del lenguaje escrito.
No hay orden obligatorio de lectura: el libro invita a abrirse al azar, como un oráculo, y a dejar que cada entrada conduzca a la siguiente o a la obra que la originó. Funciona como puerta de entrada para quien apenas se asoma a estas autoras y como relectura para quien ya las frecuenta, y su vocación última es explícita: que la galería no termine en sus páginas, sino que cada lectora arme la suya.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.