Escrito desde una celda del corredor de la muerte de Pensilvania, «Brota la vida» reúne las meditaciones de Mumia Abu-Jamal sobre la fe, la memoria y la dignidad en condiciones de aislamiento extremo.
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Escrito desde una celda del corredor de la muerte de Pensilvania, «Brota la vida» reúne las meditaciones de Mumia Abu-Jamal sobre la fe, la memoria y la dignidad en condiciones de aislamiento extremo. Traducido del original «Death blossoms» por Antonio Urbina y publicado en castellano por Txalaparta, el libro alterna estampas de la vida carcelaria, retratos de otros condenados y recuerdos de infancia para trazar una búsqueda espiritual que no se deja clausurar por los barrotes. No es una autobiografía convencional ni un alegato jurídico, sino una prosa breve y despojada que convierte la escritura misma en forma de resistencia y en puente hacia quienes leen desde el exterior.
«Brota la vida» es un libro de meditaciones escrito por Mumia Abu-Jamal durante su reclusión en el pabellón de la muerte, y publicado en castellano por Txalaparta en 1999 con traducción de Antonio Urbina a partir del original «Death blossoms» (1996). Su punto de partida es una paradoja que el propio texto no deja de rodear: cómo puede florecer una vida interior en un lugar diseñado para suprimirla.
El volumen se organiza en piezas breves, casi todas de pocas páginas, que pueden leerse por separado y que en conjunto componen un recorrido. Algunas son crónicas del presente carcelario: la vigilancia electrónica permanente, los micrófonos en el hormigón, las puertas accionadas a distancia, el silencio como castigo administrado y el contacto físico convertido en privilegio negado durante años. Otras son retratos, como el del preso que renunció a apelar y aceptó la inyección letal convencido de que el hombre a quien condenaron había muerto mucho antes. Otras, en fin, son ensayos cortos sobre la censura, la imposibilidad de matar un libro, el sesgo racial y económico de la pena capital, o el precio que el autor pagó por publicar un título anterior desde prisión.
Un segundo hilo, más íntimo, atraviesa el libro hacia atrás en el tiempo. Abu-Jamal reconstruye su infancia entre dos templos —el fervor sudista y sudoroso de la iglesia de su madre y la contención episcopaliana de la de su padre— y la sensación temprana de no pertenecer del todo a ninguno de los dos. De ahí arranca una búsqueda propia del terreno espiritual, que más tarde encontrará interlocutores en la organización MOVE y en las enseñanzas de John Africa, y que en el libro se expresa menos como doctrina que como atención: a la araña que teje su tela bajo el retrete de una celda, a los vínculos entre generaciones, a los niños a los que habrá que entregar un mundo del que uno ya no formará parte.
La edición incorpora tres textos de acompañamiento que enmarcan la lectura. Cornel West firma un prólogo breve que sitúa al autor en una tradición de crítica moral estadounidense y formula la pregunta que recorre el conjunto: qué gana una nación si conquista el mundo y pierde su alma. Julia Wright aporta una presentación extensa y de vuelo literario, tejida en torno a la imagen de la telaraña —resistente, tendida más allá de los barrotes, emparentada con el Anansi de la mitología africana— y a la memoria de su padre, Richard Wright. Steve Wiser, consejero espiritual del autor durante dieciocho meses, cierra el aparato introductorio con el relato llano de sus visitas semanales y de cómo salía de ellas más fortalecido de lo que entraba.
El resultado es un libro deliberadamente pequeño en formato y ambicioso en alcance, que no ofrece recetas ni consuelo fácil. Su fuerza está en el tono: sereno, a ratos irónico, capaz de sostener la denuncia sin convertirla en consigna. Interesará a quien busque literatura penitenciaria de primera mano, escritura sobre el sistema judicial estadounidense y la pena de muerte, o simplemente una voz que hace de la palabra escrita un refugio habitable.