Red Freeman es un estudiante de Letras con pasión secreta por la mecánica. Su viejo Volkswagen Escarabajo, símbolo de rebeldía frente al consumismo desenfrenado, lo lleva a una suntuosa fiesta de carnaval en un yate en Miami.
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Red Freeman es un estudiante de Letras con pasión secreta por la mecánica. Su viejo Volkswagen Escarabajo, símbolo de rebeldía frente al consumismo desenfrenado, lo lleva a una suntuosa fiesta de carnaval en un yate en Miami. Allí, entre disfraces extravagantes y champán burbujeante, conocerá a una misteriosa joven disfrazada de Juana de Arco que despertará en él algo mucho más profundo que una simple atracción pasajera.
Red Freeman es un joven estudiante de posgrado en Harvard, de carácter irreverente y apariencia deliberadamente descuidada, que divide su tiempo entre las aulas de Filosofía Griega y la docencia nocturna en la Universidad de Miami. Pelirrojo, alto y fornido, vive con auténtica independencia económica gracias a sus empleos como profesor especializado y jugador del equipo de rugby. Su viejo Volkswagen Escarabajo, adquirido quince años atrás, es emblema de su filosofía: una rebeldía burlona ante el consumismo desenfrenado norteamericano, indiferencia calculada hacia los juicios de quienes conducen vehículos de última generación.
Una noche de invierno en Miami, Freeman es invitado a una extravagante fiesta de carnaval a bordo de un yate en los viejos muelles. La celebración, inusual en la tradición norteamericana pero popular en otras culturas, convoca a personajes adinerados y excéntricos disfrazados de figuras históricas y mitológicas. Freeman hace su entrada sin disfraz alguno, lo que le confiere una presencia magnética que atrae las miradas femeninas entre la muchedumbre.
En la cubierta del yate, bajo las guirnaldas luminosas y la música suave, Freeman conoce a una joven disfrazada de Juana de Arco. Entre ellos surge una conexión instantánea basada en la rebelión compartida: ella rechaza las convenciones con su pesada armadura de plástico; él rechaza las expectativas sociales con su desaliño deliberado. Su diálogo ingenioso, pletórico de ironía y sarcasmo, los acerca conforme admiten mutuamente ignorar al grueso de los invitados.
Al descender al salón bajo cubierta, donde la música arecia y el champán fluye sin restricción, Freeman se ve asediado por otras mujeres seductoras. Progresivamente adormilado por los efectos del champán, continúa bailando con su compañera mientras la atmósfera se torna cada vez más onírica y sofocante conforme la noche avanza.