Edie, una joven mujer con inseguridades sobre su cuerpo y su vida, establece contacto en línea con Eric, un hombre mayor casado que le ofrece atención y deseo en dosis intoxicantes.
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Edie, una joven mujer con inseguridades sobre su cuerpo y su vida, establece contacto en línea con Eric, un hombre mayor casado que le ofrece atención y deseo en dosis intoxicantes. Tras semanas de mensajes cuidadosamente redactados, se encuentran en persona en un parque de atracciones, donde la realidad comienza a divergir de la fantasía construida juntos en la pantalla.
Edie trabaja en una oficina procesando manuscritos, confinada bajo la luz azul del ordenador en una vida que le parece tan gris como el tufo de la ciudad. Su existencia es un compendio de pequeñas vergüenzas: las tetas que le duelen la columna, el sueldo miserable, su incapacidad para mantener el interés de los hombres cuando abre la boca. Entonces llega Eric, un hombre de cincuenta y tantos años, casado de forma abierta, quien envía mensajes cargados de atención meticulosa. Sus palabras están saturadas de deseo sofisticado: frases puntuadas con precisión, repletas de palabras como «saborear» y «abrir», intercaladas con confesiones sobre su pasado destrozado y un matrimonio que funciona a base de pactos tácitos.
Durante semanas, Edie anticipa esos encuentros digitales, construyendo con él un mundo privado donde ambos son versiones mejoradas de sí mismos. El riesgo de ser descubiertos en la oficina la excita. Pero cuando coordenan un encuentro físico, el primer encuentro los deposita en un lugar inesperado: un parque de atracciones infantil donde el verano hierve bajo globos de personajes animados y helados de neón.
En ese espacio absurdo, todas las máscaras comienzan a resquebrajarse. Eric, quien en línea era una presencia totalizante, se vuelve real y simultáneamente más opaco. Edie descubre que estar con un hombre en la carne es una negociación constante entre lo imaginado y lo visto, entre lo que desea que desee y lo que realmente quiere. Una exploración íntima de cómo el poder se redistribuye cuando abandonamos el anonimato de la pantalla.