Una biografía que explora la formación del Che Guevara desde sus orígenes en familias aristocráticas argentinas. Partiendo de las genealogías de los Guevara Lynch y los De la Serna, el texto reconstruye el encuentro amoroso de sus padres,…
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Una biografía que explora la formación del Che Guevara desde sus orígenes en familias aristocráticas argentinas. Partiendo de las genealogías de los Guevara Lynch y los De la Serna, el texto reconstruye el encuentro amoroso de sus padres, cuyo matrimonio precipitado presagia la llegada del revolucionario que marcaría el imaginario político del siglo XX. Más allá del mito, una investigación rigurosa sobre los cimientos familiares de quien se convertiría en símbolo global de la rebelión.
Una investigación que se sumerge en los orígenes del Che Guevara comienza con una pregunta central: ¿qué singular magnetismo envuelve a una figura histórica que brilló apenas una década pero cuya influencia se extiende hasta nuestros días? El Che, convertido más en símbolo que en doctrina, encarna la rebelión pura desvinculada del conocimiento de su pensamiento. Su ejemplo conmueve a millones, generación tras generación.
Para entender este fenómeno, es necesario retroceder a los cimientos. Los Guevara Lynch descendían de una estirpe de aventureros: virreyales, comerciantes durante la fiebre del oro californiano, hacendados que prosperaron en territorio rioplatense. Sus antepasados españoles e irlandeses fundaron la fortuna familiar que acumuló extensas propiedades, integrando la oligarquía terrateniente argentina.
Paralela era la herencia de los De la Serna, cuyas raíces se remontaban al último virrey del Perú, vencido en Ayacucho. Ambas familias compartían el mismo universo social: campos, estancias, riqueza hereditaria, la certeza de un futuro venturoso.
En este contexto se cruzaron Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna. Él, de veintiséis años, era apuesto, conversador, con refinados modales pero pésimo para los negocios. Ella, cinco años menor, había nacido en una familia devota, pero su hermana Carmen —casada con un poeta comunista— la acercó a las vanguardias feministas y socialistas que cuestionaban el orden conservador de la Argentina de los años veinte.
El romance fue apasionado. Cuando Celia anunció su deseo de casarse, la familia De la Serna se opuso. Lejos de desmoralizar a la pareja, esto los impulsó a una fuga dramática. El 10 de diciembre de 1927, quedaron unidos legalmente. Las circunstancias guardaban un secreto: Celia estaba embarazada.
Tras la boda, la pareja se retiró a las remotas selvas de Misiones, donde adquirieron doscientas hectáreas para cultivar yerba mate. El 14 de junio de 1928, en Rosario, nació el pequeño Ernestito. Sus padres no imaginaban que aquel niño se convertiría en una de las figuras más influyentes del siglo XX, un ícono revolucionario que marcaría profundamente el imaginario político de millones de personas.
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