Un manual breve y directo sobre uno de los consejos más repetidos —y menos explicados— de la homilética: "predicar al corazón". Jay E. Adams sostiene que la frase se ha vuelto un lugar común hueco y se propone devolverle contenido bíblico,…
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Un manual breve y directo sobre uno de los consejos más repetidos —y menos explicados— de la homilética: "predicar al corazón". Jay E. Adams sostiene que la frase se ha vuelto un lugar común hueco y se propone devolverle contenido bíblico, empezando por definir qué entiende la Escritura por corazón. A la exposición se suma una segunda sección con bosquejos de sermones ordenados por tema, pensados para el trabajo semanal del predicador.
Durante años los expertos en homilética han repetido a los predicadores que deben “predicar al corazón”, sin aclarar nunca qué significa eso ni cómo se hace. Ese vacío es el punto de partida de esta obra: su autor se incluye entre los responsables de la confusión y decide desarmarla, convencido de que predicar al corazón no es un don reservado a unos pocos privilegiados, sino una capacidad que puede explicarse, aprenderse y ejercitarse.
El argumento avanza por pasos. Primero desmonta el equívoco de fondo: la idea occidental y romántica del corazón como sede del sentimiento, opuesto a la cabeza. En la Biblia, muestra el autor, el contraste no es entre intelecto y emoción sino entre lo interior y lo exterior —corazón frente a labios, boca, apariencia—. El corazón es la vida interior que la persona lleva ante Dios y ante sí misma, fuente de sus palabras y de sus actos; incluye el pensamiento tanto como los afectos. De ahí que la predicación que lo alcanza toque a la persona donde realmente importa.
Sobre esa base se sostiene el resto. Dos escenas del libro de los Hechos funcionan como eje: el sermón de Pedro en Pentecostés, que deja a la multitud compungida, y el de Esteban ante el sanedrín, que termina en su muerte. Ambos predicaron llenos del Espíritu, ambos llegaron al corazón de sus oyentes, y las respuestas fueron opuestas. De ese contraste el autor extrae su tesis: la predicación que penetra siempre provoca reacción —fe o furia, nunca indiferencia—, pero su resultado no puede anticiparse, porque depende del corazón que la recibe. Los capítulos siguientes desarrollan las condiciones del oficio: predicar al corazón exige predicar desde el corazón, es decir, autenticidad y una vida bajo el dominio del Espíritu; exige también osadía, frente a una predicación contemporánea que el autor juzga complaciente y temerosa de decir las cosas como son.
La segunda parte del volumen reúne bosquejos selectos organizados alfabéticamente por tema —arrepentimiento, consagración, dificultades, familia, ministerio, oración, temor, tentación, victoria, entre muchos otros—, que trasladan al terreno práctico lo expuesto en la primera.
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