Investigación periodística sobre el secuestro de Jorge y Juan Born, herederos del grupo Bunge y Born, ejecutado por los Montoneros en septiembre de 1974 en el norte del Gran Buenos Aires.
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Investigación periodística sobre el secuestro de Jorge y Juan Born, herederos del grupo Bunge y Born, ejecutado por los Montoneros en septiembre de 1974 en el norte del Gran Buenos Aires. A partir de expedientes judiciales, cables diplomáticos y del testimonio del propio Jorge Born III —que rompe cuatro décadas de silencio—, el libro reconstruye los nueve meses de cautiverio en las llamadas cárceles del pueblo, el pago de un rescate sin precedentes y el largo rastro que ese dinero dejó en la política argentina.
Todo empezó como otro libro. La autora investigaba la relación entre el dinero y el poder —los aportes de campaña, los favores posteriores, los indultos— cuando se topó con un detalle que desviaba el relato: los fondos que los Montoneros habían volcado a la política provenían del rescate cobrado por dos hermanos encerrados en un sótano. Tirar de ese hilo la llevó a una historia mucho más grande, y todavía no contada en toda su extensión.
El punto de partida es una mañana de jueves de septiembre de 1974. Un semáforo portátil, carteles falsos de empresas estatales, hombres disfrazados de operarios y de policías bonaerenses, dos camionetas lastradas para embestir de frente. La emboscada dura menos de dos minutos cronometrados. Cuando termina, dos hombres agonizan sobre el asfalto y los principales accionistas del grupo económico más importante del país han desaparecido dentro de tres autos de escape. La narración avanza casi minuto a minuto, con la precisión de un informe policial y el pulso de una novela de suspenso, alternando la voz del cronista con documentos: partes de inteligencia, comunicados guerrilleros, cables de la embajada estadounidense que al principio le atribuyen el operativo al grupo equivocado.
Lo que sigue es un encierro de nueve meses. Una celda de seis metros cuadrados sin ventanas, forrada en telgopor para que ningún grito salga, ventilada apenas por un tubo. Dos empresarios de cuarenta años en manos de militantes veinteañeros. Y una particularidad que retrasa la salida: el cautiverio no se estira por decisión de los captores, sino por la resistencia del padre a pagar. Recién el derrumbe emocional de uno de los hermanos destraba la negociación. El desenlace es una cifra que todavía no fue superada en el mundo: sesenta millones de dólares de entonces, cobrados en dos continentes, más camiones de mercadería repartidos en barrios pobres por exigencia de los secuestradores.
Pero el rescate no cierra la historia: la abre. El dinero atraviesa un banco y una muerte sospechosa, financia la resistencia armada, termina refugiado en Cuba, se convierte en el objetivo de la represión durante la dictadura y reaparece, quince años después, en el pacto más incómodo del relato: el del empresario liberado con uno de sus propios carceleros, cada uno buscando algo que el otro podía darle. En el camino aparecen las comparaciones inevitables —el nieto de Getty devuelto en pedazos, la heredera Hearst convertida en asaltante— y la pregunta que la crónica de la época resolvió con demasiada facilidad recurriendo al síndrome de Estocolmo.
El libro se sostiene, sobre todo, en una voz que faltaba. A los ochenta años, Jorge Born III acepta contarlo todo: el golpe de culata, la humillación cotidiana, la comprensión desconcertante hacia el padre que demoró en pagar, el peso de una herencia que no pudo sostener. Porque hay una segunda historia debajo de la primera, más íntima y menos épica: la de un heredero criado para continuar un imperio, desplazado de su presidencia antes de los sesenta años, que carga con la sospecha de haber defraudado a un hombre cuyo retrato al óleo todavía preside su oficina casi vacía. Una investigación sobre el dinero y el poder que terminó siendo, también, el retrato de un hombre y de un país que no consigue terminar de saldar su pasado.