Dirigido por Jorge Schwartz, este volumen reúne a setenta y cinco colaboradores en una obra colectiva que recorre alfabéticamente el universo de Jorge Luis Borges: autores citados, personajes, revistas, ciudades, doctrinas y episodios…
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Dirigido por Jorge Schwartz, este volumen reúne a setenta y cinco colaboradores en una obra colectiva que recorre alfabéticamente el universo de Jorge Luis Borges: autores citados, personajes, revistas, ciudades, doctrinas y episodios históricos. Nacido como ejercicio de lectura universitario en San Pablo y ampliado para su edición argentina, propone más de mil entradas que no interpretan los textos, sino que iluminan las referencias que los sostienen. Una enciclopedia pensada tanto para consultar como para leer al azar.
Todo empezó como un ejercicio de lectura. Al preparar las obras completas de Borges en portugués, Jorge Schwartz y su equipo acumularon tantas consultas, notas y verificaciones que decidieron convertir ese trabajo invisible en libro. Con estudiantes de grado de la Universidade de São Paulo y becas de investigación, la lista inicial superó las siete mil entradas: prueba, dicen los editores, de que intentar catalogar una mente enciclopédica es construir una metaenciclopedia imposible.
Lo que sobrevivió a ese recorte es un diccionario de más de mil artículos firmados por decenas de especialistas —críticos, traductores, historiadores, editores— que rastrean lo que Borges nombró al pasar y rara vez explicó. Un verso de Chaucer que lo obligó a corregirse sobre la aliteración germánica. El cometa Halley cruzando el cielo del Centenario. Rabinos andaluces, poetas hebreos medievales, gauchos de Entre Ríos, el dios gnóstico Abraxas, un lexicógrafo ciego de Murcia cuyo diccionario aparece en «La busca de Averroes». Los autores se impusieron dos reglas: no interpretar los textos y no repetir lo que ya se encuentra en línea. Cada entrada remite a un lugar preciso de la obra.
La edición argentina no es una reimpresión. Suma voces que faltaban y temas que la primera versión había esquivado: el nazifascismo, la censura, la homofobia que asoma en las conversaciones registradas por Bioy Casares, la sexualidad del escritor. Incorpora personajes emblemáticos, revistas olvidadas, editores y figuras de vanguardia rescatadas de la sombra. También guarda las huellas de sus ausentes: colaboradores que murieron antes de ver el libro y cuyas entradas quedaron como despedida.
El orden alfabético, admiten los responsables, es una tiranía necesaria: obliga a que Stevenson quede entre von Sternberg y Snorri Sturluson, vecindades absurdas que producen sentidos nuevos. La invitación es explícita: perderse, abandonar, volver, releer sin plan. Un calidoscopio de erudición donde cada consulta abre otra, y ninguna edición puede ser la última.
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