Bondrée es un territorio fronterizo entre Maine y Quebec donde la naturaleza salvaje conserva historias de soledad, pasión y misterio. Alrededor de Pierre Landry, trampero que huyó de la guerra, y de la legendaria Tángara, germina una…
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Bondrée es un territorio fronterizo entre Maine y Quebec donde la naturaleza salvaje conserva historias de soledad, pasión y misterio. Alrededor de Pierre Landry, trampero que huyó de la guerra, y de la legendaria Tángara, germina una tragedia que trasciende décadas. En el verano de 1967, dos adolescentes, Sissy Morgan y Zaza Mulligan, cuyos pasos en el bosque sellarían el destino de una comunidad, se convirtieron en leyendas que jamás serían olvidadas.
Bondrée, territorio apátrida en la frontera entre Maine y Quebec, es un enclave de naturaleza salvaje que conserva el recuerdo de bosques intactos. Su historia comienza con Pierre Landry, trampero francocanadiense que llegó en los años cuarenta huyendo de la guerra, buscando refugio en un paraíso donde solo habitaban los árboles y el silencio. Durante una década vivió en paz, hasta que la urbanización llegó con sus cabañas y veraneantes, obligando a Landry a retroceder más profundamente en el bosque.
El destino de Landry se entrelazó con el de Maggie Harrison, una mujer a la que los lugareños conocían como Tángara, confundiendo sus vestidos rojo escarlata con el vuelo de aves portadoras del mismo nombre. Esta pasión imposible, marcada por la soledad y la fascinación, transformó a Landry en una figura legendaria. Su muerte dejó en Bondrée una cicatriz que generaciones posteriores narrarían como un pacto de sangre entre el hombre y el bosque.
Para la narradora, una niña que crecía en Bondrée durante los veranos de los años sesenta, este territorio era el nexo entre la memoria familiar y la naturaleza. Sus padres, Florence y Samuel Duchamp, buscaban en el enclave de cabañas una pureza perdida, una libertad que la vida urbana les había arrebatado. Era allí donde la familia se reunía, donde las estaciones traían consigo ritmos primordiales y olores que se fijaban en la memoria con intensidad indeleble.
Pero el verano de 1967 marcó el quiebre. Dos adolescentes, Sissy Morgan y Zaza Mulligan, amigas inseparables desde la infancia, llegaban a esa edad donde la belleza se volvía peligrosa. Bajo el signo del «Summer of Love» y la Exposición Universal de Montreal, las hogueras rodeaban el lago. Cuando Zaza, ebria y cantando, se internó en Otter Trail aquella noche de julio, algo en Bondrée cambió para siempre. Los chasquidos en la oscuridad, la sombra que cruzó el sendero, marcaron el instante en que la comunidad se transformó en testigo de una tragedia. Las historias de Sissy y Zaza no serían olvidadas; se sobrepondrían a las leyendas de Landry y Tángara, demostrando que ciertos bosques tienen el poder de absorber tragedias y convertirlas en espectros que perduran en la memoria colectiva.