Dos relatos sobre el deseo como forma de desposesión. En el primero, una fotógrafa de posgrado en Seattle orbita alrededor de un compañero que tala árboles, esculpe la leña y quema cada obra que termina.
Descargar
Dos relatos sobre el deseo como forma de desposesión. En el primero, una fotógrafa de posgrado en Seattle orbita alrededor de un compañero que tala árboles, esculpe la leña y quema cada obra que termina. En el segundo, Violet vuela hasta Bangkok para reunirse con Billy, un fotoperiodista siempre en tránsito, y encuentra la habitación vacía y dos correos marcados como urgentes. Dos historias sobre mirar, ser mirada y la distancia que separa ambas cosas.
Dos relatos, una misma obsesión: qué ocurre cuando el deseo se confunde con la vocación de mirar.
«El Chico Árbol» transcurre en un posgrado de fotografía en Seattle, narrado por una estudiante llegada de Chicago que no logra orientarse en una ciudad sin este, envuelta en niebla y atravesada por puentes. Su brújula señala a un becario de la península Olímpica que trabaja el monte con motosierra, cita a Talbot y a Cartier-Bresson, talla dísticos en madera de pino y luego reduce sus instalaciones a ceniza sin dejar registro. Él la visita de noche en el estudio, juzga infantiles sus autorretratos y le presta un ejemplar de Modos de ver con una lista de iniciales y teléfonos en la contracubierta; de madrugada la llama para que le dicte alguno de esos números. Ella memoriza la lista, fotografía a escondidas lo que él va a quemar y descubre que la intimidad que recibe está hecha de confesiones ajenas: la novia abandonada, la pintora que se fue a Italia, un tatuaje verdoso junto al corazón. Todo desemboca en una noche junto a un lago, donde la distancia entre lo que se pide y lo que se concede se vuelve exacta.
«La hora violeta» sigue a Violet, que pidió una excedencia en el museo donde trabaja, alquiló su casa de Boulder y armó una mochila para recorrer la Ruta de la Seda con Billy, fotoperiodista de talento indiscutible y compromiso escurridizo, célebre entre sus exnovias por un correo de despedida siempre idéntico y por dejarles el labrador a cargo. Violet llega a Bangkok el día de Navidad, a un hotel de lujo que reservó por sorpresa, y él no está. Recorre el calor, los puestos, los budas y un Starbucks hasta llegar a un cibercafé donde unos clientes lloran frente a un televisor. En su bandeja de entrada esperan dos mensajes de Billy con la palabra urgente en el asunto.
Con precisión sensorial y sin concesiones, ambas piezas trabajan el reverso del encuadre: mujeres lúcidas que se saben laterales en la vida de hombres admirados y que descubren a qué precio se entra en el centro de la imagen.