Un realizador de televisión llega al cabo de Gata tras una ruptura y tropieza con los escenarios reales del «Crimen del Fraile», el suceso de 1928 que inspiró Bodas de sangre.
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Un realizador de televisión llega al cabo de Gata tras una ruptura y tropieza con los escenarios reales del «Crimen del Fraile», el suceso de 1928 que inspiró Bodas de sangre. Lo que empieza como un encargo documental —buscar a los novios, al cura y a los testigos que aún viven— se convierte en un viaje sentimental por una Almería de cortijos, ramblas y torres vigía, donde dos hermanas deslumbrantes, una prima ecologista y una carretera en disputa acaban pesando más que el guion.
Verano de 1982. Andrés Posadas recorre a pie la costa almeriense con una mochila, una Leica y el ánimo revuelto por una ruptura reciente. En un molino varado sobre una meseta gris conoce a Antonio Manuel Romero, señorito andaluz dueño de casi todo lo que alcanza la vista, incluido el cortijo donde medio siglo antes se celebró la boda que terminó en tragedia y que García Lorca convirtió en Bodas de sangre. La invitación a comer abre la puerta de la Casa de La Capitana: la fuerte doña Mercedes, la locuaz Marita, la magnética Rosana, una cala privada y una hospitalidad que el visitante paga exhibiéndose. También abre otra puerta, más incómoda: la de la prima Mamen, ecologista, señalada por la familia tras la bomba que estalló en las máquinas de la carretera de la costa, esa obra que promete revalorizar diez veces las tierras de la casa.
De vuelta en otoño, ya con el proyecto aprobado por TVE, la investigación adquiere método —hemerotecas, recortes de 1928, pueblos donde queda quien estuvo en aquella boda— y, a la vez, se le va de las manos. El terreno devuelve más de lo que se le pide: paisajes hechos para la tragedia, memorias que no siempre quieren hablar, una tierra dividida entre quien la defiende y quien la vende.
El libro trenza tres materiales que se mantienen deliberadamente distintos y reconocibles: las notas fieles del cuaderno de campo, con el pulso del reportaje; la ficción escrita años más tarde a partir de recuerdos y heridas propias; y, en capítulos aparte con numeración romana, el tratamiento cinematográfico que recrea con emoción la historia de las Bodas del Fraile. El resultado es un relato sobre lo que ocurre cuando el investigador deja de ser un observador: un texto perdido durante décadas en un disquete ilegible, recuperado por azar de un cajón atascado, que conserva intacta la estructura con la que reapareció.