Ana Flor tiene veintidós años, un anillo de compromiso que todavía no sabe si quiere y el recuerdo obstinado de una fotografía que encontró por casualidad en la casa de su prometido.
Descargar
Ana Flor tiene veintidós años, un anillo de compromiso que todavía no sabe si quiere y el recuerdo obstinado de una fotografía que encontró por casualidad en la casa de su prometido. Cuando el hombre de esa imagen —João Pedro, el primo al que Vitor quiere como a un hermano— regresa de Alemania, la atracción que ella creía cosa de novelas se vuelve real, inmediata y peligrosa. Él, desconfiado y acostumbrado a controlarlo todo, decide que esa mujer no le conviene a su familia; el problema es que tampoco consigue apartarse de ella. Una historia de deseo a primera vista, lealtades cruzadas y decisiones que nadie sale ileso de tomar.
Hay una fotografía en el aparador de una mansión de Alto da Boa Vista, y hay una mujer que se queda mirándola más tiempo del que puede justificar. Ana Flor tiene veintidós años, una madre que la vestiría de muñeca si pudiera, una mejor amiga que dice en voz alta lo que ella no se atreve a pensar, y un prometido que hizo todo lo posible por conquistarla: Vitor es guapo, rico, atento y está sinceramente enamorado. Todos a su alrededor coinciden en que se sacó la lotería. Ella asiente, sonríe, aplaza la fecha de la boda y no logra explicar por qué.
La explicación tiene nombre y vive en esa fotografía. João Pedro Valente, primo de Vitor, criado como un hermano por sus tíos desde los doce años, neurocirujano, un año fuera del país terminando un doctorado. Ana Flor lleva meses conviviendo con la imagen de un desconocido antes de conocerlo, avergonzada de una obsesión que no pidió y que atribuye a las novelas románticas que lee a escondidas, esas que su madre y su amiga desprecian por vender un amor que —le insisten— no existe fuera del papel.
La fiesta de bienvenida en la casa familiar es el punto donde la ficción deja de serlo. Entre mesas de lino blanco, una banda tocando bossa nova y una piscina iluminada, Ana Flor y João Pedro se encuentran por primera vez, y el reconocimiento es mutuo, físico e inmediato. La novela cuenta ese instante dos veces, porque alterna la voz de ella con la de él: donde Ana Flor siente que el suelo cede, João Pedro registra una pérdida de control que su pasado le enseñó a temer. Y donde ella se siente culpable, él se siente traicionado en nombre de su primo. De ahí nace la tensión que sostiene el libro: un hombre convencido de que está protegiendo a su familia de una mujer que no le conviene, y una mujer que no tiene manera de defenderse de una acusación que, en parte, es cierta.
Alrededor del triángulo se abre un mundo que Ana Flor apenas intuye. Está Fernanda, amiga de toda la vida de João Pedro, colega de hospital y socia de un club privado que funciona por invitación; está la invitación misma, guardada en un bolso como una puerta que ella jura no cruzar; está el pasado turbulento de él, insinuado por Vitor a medias —padres desbordados, una mujer que lo dejó desconfiando de todas las demás— y nunca contado del todo. La virginidad de Ana Flor, tratada por unos como rareza y por otros como desafío, deja de ser un dato biográfico para convertirse en el terreno donde se disputan las expectativas de todos los que creen saber qué debería querer ella.
Distribuida en doce capítulos y narrada en primera persona por sus dos protagonistas, esta es una novela romántica de tono adulto que trabaja con materiales reconocibles del género —la atracción fulminante, el amor prohibido dentro de la familia, la exploración del deseo— pero los apoya en un dilema muy concreto: qué se hace cuando el afecto que se ha prometido y el deseo que no se eligió apuntan a dos hombres distintos, y ambos comparten apellido, casa e historia. Nadie aquí es un villano, y esa es precisamente la razón por la que no hay salida limpia.