Dave McEwan es un estudiante de derecho brillante y atormentado que contempla el suicidio desde una azotea londinense. Consumido por una melancolía paralizante que él llama "los grises", se dedica a juegos psicológicos destructivos con…
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Dave McEwan es un estudiante de derecho brillante y atormentado que contempla el suicidio desde una azotea londinense. Consumido por una melancolía paralizante que él llama "los grises", se dedica a juegos psicológicos destructivos con quienes lo rodean. Su relación con Janice, la única mujer que genuinamente lo ama, es saboteada deliberadamente por su propia crueldad. En su espiral de autodestrucción, Dave representa la contradicción trágica de un hombre cuya brillantez intelectual solo le sirve para racionalizar y perfeccionar el arte de herir.
En la Londres gris de mediados del siglo XX, David McEwan, un estudiante de derecho de extraordinario talento, se debate entre la vida y la muerte. Desde la azotea de su casa, contempla el vacío imaginando cómo su cuerpo sería una “planta escarlata” que florecería en el pavimento gris. Pero no salta. Sabe por experiencia que en el último momento, alguien siempre le sabotea sus decisiones.
Dave padece lo que su médico de familia llama locura, aunque él prefiere describirlo como “los grises”: una melancolía paralizante que distorsiona la realidad y convierte lo ordinario en insoportable. Es brillante —uno de los más agudos polemistas de su facultad— pero su inteligencia la dedica únicamente a racionalizar su propia ruina.
La historia retrocede para revelar los mecanismos de su autodestrucción. Dave mantiene una relación volátil con Janice, una joven hermosa y heredera que lo ama sinceramente. Sin embargo, la tortura sistemáticamente mediante juegos psicológicos diseñados para confirmar sus propias sospechas sobre su indignidad. En el baile de estudiantes, la empuja a bailar con Donovan, el presidente del club de remo, para luego insistir —aparentemente en broma, pero con una malicia apenas velada— en que lo sustituya en la cama. La propuesta destroza a Janice, quien huye hacia la terraza.
Dave abandona el baile sin buscar reconciliación. Durante su largo regreso a casa, se detiene en el portal de una prostituta a la que seduce con su ingenio cínico e irónico. Mientras la manipula, intenta llamar a Janice desde el apartamento. El encuentro físico es brutal: Dave es controlador y violento, dejando marcas de sus dientes en la piel de ella. Es incapaz de la ternura que Janice ofrece; solo puede amar mediante la violencia y el control.
Cuando finalmente habla con Janice por teléfono, ella está llorando. Dave considera confesarle dónde está, rematar la destrucción de una vez por todas. Pero se contiene: ella es demasiado segura, demasiado privilegiada, demasiado protegida por su estatus. Cuelga el teléfono sabiendo que nada de esto importa realmente. Es un intelectual brillante dedicado únicamente a perfeccionar el arte de la crueldad hacia quienes lo aman.
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