Relato de primera persona de un alférez que documenta el asedio de Belchite durante la Guerra Civil Española en agosto de 1937. Desde su posición de observación en La Carbonera, el oficial narra los preparativos del enemigo, los primeros…
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Relato de primera persona de un alférez que documenta el asedio de Belchite durante la Guerra Civil Española en agosto de 1937. Desde su posición de observación en La Carbonera, el oficial narra los preparativos del enemigo, los primeros contactos dialogados con soldados republicanos y la posterior batalla cruenta del 24 de agosto. Con lenguaje directo y cargado de emoción, el narrador evoca el bombardeo aéreo, los combates cuerpo a cuerpo, un motín de sus hombres sofocado a punta de pistola, y la reconquista de posiciones perdidas. Un testimonio intimista de la barbarie de la guerra y la resistencia de sus soldados.
Testimonio inquietante de la Batalla de Belchite, narrado por un joven alférez que vivió en primera línea los eventos que asolaron este pueblo aragonés. El relato comienza el dieciocho de agosto de 1937, cuando el narrador observa desde su posición en La Carbonera los preparativos de una ofensiva enemiga colosal. A través de prismáticos, ve cómo se concentran centenares de camiones, tanques y cañones a menos de dos kilómetros de distancia. En los días previos ha habido negociaciones extrañas con un teniente republicano: intercambios de tabaco y papel de fumar, promesas de no atacarse, encuentros casi fraternales en tierra neutral. Por cinco días se respeta el pacto, pero inevitablemente llega la orden de silencio.
El veinticuatro de agosto estalla el infierno. Veinticinco bombarderos lanzan su carga sobre Belchite mientras el oficial observa cómo se despliegan columnas enemigas de miles de hombres. La estrategia es aislar el pueblo, rodear a los defensores. Los soldados bajo su mando, asustados por la superioridad numérica y material, pierden moral. Ante el avance inexorable, llega la orden de retirada.
En la plaza mayor, el comandante Santa Pau, enfurecido por el abandono de posiciones, ordena una reconquista suicida. El alférez marcha al frente con treinta hombres. Lo que sigue es una descripción cruda de combate cuerpo a cuerpo. Cuando sus hombres se amotinan negándose a disparar, el oficial con pistolas en las manos los hace entrar en razón. Luego, contra toda lógica, logran rechazar al enemigo en un ataque furioso a bayoneta.
De ciento treinta hombres que salieron regresan apenas veinticinco. El alférez Lozano desaparece sin rastro. Dos sargentos caen. El comandante ordena la retirada nuevamente. El oficial, exhausto, ve reducida a nada toda esa sangre derramada. Décadas después, mientras escribe, aún siente el peso de esa batalla y la responsabilidad por aquellos mozos anónimos.
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