En el caserío vasco de Altzerreka, Sabina, una mujer forjada por el trabajo del campo y una voluntad indomable, resiste el paso del tiempo mientras cuida a su cuñado Henry, postrado y enfermo, al tiempo que sus hijos empiezan a plantear,…
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En el caserío vasco de Altzerreka, Sabina, una mujer forjada por el trabajo del campo y una voluntad indomable, resiste el paso del tiempo mientras cuida a su cuñado Henry, postrado y enfermo, al tiempo que sus hijos empiezan a plantear, no sin fricciones, la posibilidad de ingresarlo en una residencia. Entre la fatiga física, el orgullo y los vínculos familiares tensos, la novela retrata la vejez, el peso invisible de los cuidados y la fuerza casi salvaje de quien nunca ha sabido rendirse.
Tras una operación por un coágulo en la pierna, Sabina regresa convaleciente al caserío de Altzerreka, el lugar que ha gobernado durante toda su vida entre animales, cosechas y las voces de una familia que crece y se dispersa. Su hija Karmele se instala con ella para ayudarla en la recuperación, mientras su hijo Joseba, presionado por las cuentas y los compromisos de su propia vida, empieza a mover los hilos para conseguir una plaza en la residencia Ikaran para el tío Henry, un anciano diabético y amputado al que Sabina asea, alimenta y soporta con una mezcla de fastidio y lealtad inquebrantable. La propuesta remueve algo más profundo que la logística del cuidado: pone en juego la idea misma de lo que significa envejecer, depender y ser abandonado, y anticipa que la propia Sabina podría ser la siguiente en cruzar esa puerta. Alrededor de ella se despliega un mosaico familiar de hijos, nueras, nietos y vecinos que se acercan y se alejan según sus propias urgencias, mientras las escenas domésticas —una cocina con el fluorescente zumbando, una radio que anuncia noticias lejanas, un baño donde la vergüenza y la fragilidad del cuerpo se hacen íntimas— se entrelazan con fogonazos del pasado: una infancia de servidumbre, un matrimonio con un hombre apodado “Fidel Castro”, una hija distanciada que rechaza la herencia que le ofrece, la crianza atropellada de tres hermanos que ya son adultos con sus propias heridas. La obra construye, con una prosa atenta al detalle físico y al habla cotidiana salpicada de vasco, el retrato de una mujer “basa”: salvaje, indómita, incapaz de pedir ayuda, y de una familia que intenta, con torpeza y cariño desigual, decidir qué hacer con el amor cuando ya no alcanza para cuidar solos.