Un inspector encubierto vuelve a Buenos Aires cuando secuestran a la hija de un candidato político —la niña que, años atrás, juraba que se casaría con él— y descubre que la traición puede venir de adentro.
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Un inspector encubierto vuelve a Buenos Aires cuando secuestran a la hija de un candidato político —la niña que, años atrás, juraba que se casaría con él— y descubre que la traición puede venir de adentro.
Pablo Díaz acaba de cerrar meses de trabajo encubierto en Misiones y solo le falta redactar el informe antes de dormir. Sabe dónde está la pieza clave de uno de los cárteles más buscados de la región, pero no quién lo alimenta de información desde dentro de la propia fuerza. Esa certeza —que hay un traidor sentado a pocos escritorios de distancia— es la única razón por la que se resiste a tomarse los días que su comisario le ordena. Hasta que un noticiero interrumpe la discusión: han secuestrado a la hija del candidato a jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, y el escolta que debía protegerla está grave. El apellido es Mancini, el mismo de la familia para la que trabaja su padre desde hace décadas. El herido es su mejor amigo de la infancia, con quien no se habla desde hace años. Y el mensaje que le llega al teléfono, enviado dos noches antes, tiene apenas tres letras, tres números y cuatro palabras: «Se la llevaron. Encontrala».
Daniela Mancini llevaba meses convencida de que su vida se había vuelto ajena. Heredera de una estirpe de empresarios, obligada a estudiar administración cuando lo único que ama es la guitarra que le enseñó su niñera, y ahora vigilada las veinticuatro horas por un guardaespaldas que ni siquiera puede odiar, porque solo hace su trabajo. La noche en que su padre le anuncia que deberá hacerse cargo de los negocios familiares, ella busca refugio en un bar con su mejor amiga, unas copas de vino y la fantasía barata de sentirse dueña de sus propias decisiones. Escapa por la ventana del baño hacia el callejón trasero. Es la clase de travesura que ha ensayado decenas de veces. Esta vez, una camioneta frena a su lado.
Lo que sigue es una búsqueda a contrarreloj de mil doscientos kilómetros y una pregunta que Pablo no logra responder: por qué le importa tanto una chica a la que apenas recuerda, diez años menor, que de niña lo perseguía por la casa convencida de que sería su príncipe. Mientras su padre, jefe de seguridad de los Mancini, se consume por la culpa, y los secuestradores dejan pasar los días sin pedir rescate, el instinto profesional de Pablo empieza a señalar hacia donde nadie quiere mirar: hacia la política, hacia el entorno cercano, hacia esa desesperación que no vio en los ojos del padre cuando rogaba por su hija ante las cámaras.
Ambientada entre la sordidez de la investigación policial argentina y los salones de una familia acomodada de Buenos Aires, esta novela cruza el thriller de secuestro con una historia de deuda, lealtad y atracción imposible. Aquí la libertad se paga cara, la protección se siente como una jaula, y el hombre encargado de encontrarla es el único que nunca debió haberla dejado de buscar.