En una calle de Almería, una bala destinada a un inspector de policía alcanza a su esposa y deja tras de sí una pregunta sin respuesta: por qué el jefe de la banda exigía, más que el cadáver, un colgante.
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En una calle de Almería, una bala destinada a un inspector de policía alcanza a su esposa y deja tras de sí una pregunta sin respuesta: por qué el jefe de la banda exigía, más que el cadáver, un colgante. Cinco años después, ese mismo detective vigila a una joven diseñadora de joyas mientras su pasado vuelve a llamar a la puerta.
Octubre de 2009. Una cafetería de Almería, dos cafés que se enfrían y una conversación en la que Isabel confiesa a su marido que teme el regreso de una vieja amenaza. Al fondo del local, un hombre corpulento con una cicatriz que le cruza el rostro escribe un mensaje y sale a la noche. Minutos después, en la calle desierta, unos disparos hechos desde un coche en marcha terminan con la vida de Isabel: se había interpuesto, sin saberlo, entre el arma y el inspector Óscar Cruz. Los sicarios regresan con las manos vacías ante su jefe, y lo que este les reprocha no es solo haber matado a quien no debían, sino no haber traído consigo una joya. Un colgante del que ellos jamás habían oído hablar y que, de pronto, se convierte en la única moneda con la que comprar una semana más de vida.
Cinco años más tarde, Lydia sale a correr al amanecer por la costa de El Toyo y advierte un coche que no debería estar aparcado en esa calle. Ha reconstruido su vida lejos de Barcelona, diseña joyas y prepara su primer viaje profesional al extranjero; su madre, Virginia, finge normalidad cada mañana mientras cuenta los minutos hasta verla volver. Lo que ninguna de las dos sabe con certeza es quién la observa ni por qué. El hombre del coche conoce su rutina al minuto —el trayecto, el tiempo de ducha, la hora exacta del zumo de naranja— hasta que una llamada le comunica que sus servicios ya no son necesarios y le obliga a retirarse convencido de estar cometiendo un error.
Óscar Cruz, ahora detective privado, encuentra su despacho destrozado por segunda vez y al viejo conserje sangrando en el pasillo. La cicatriz que este describe confirma lo que ya sospechaba: los mismos hombres de entonces siguen buscando aquello que él guarda. Las amenazas llegan por mensaje y él las recibe con la resignación de quien ya ha perdido lo único que temía perder. En paralelo, en el laboratorio de una farmacéutica, un investigador que persigue la cura de la enfermedad rara que padece su hermana recibe la visita de un desconocido con una oferta imposible de rechazar y demasiado bien informada sobre su vida.
María Elena Tijeras entrelaza estas líneas en un thriller de tensión sostenida donde el duelo, la vigilancia y la ambición trazan un mismo círculo. La joya que todos buscan es el punto en el que convergen un crimen sin resolver, una mujer que no sabe lo que lleva encima y un hombre incapaz de distinguir ya dónde termina la justicia y empieza la venganza.