Tragedia psicológica de hondo dramatismo escrita por Lermontov a los veinticuatro años. «Baile de máscaras» supera la trivial intriga de carnaval para desplegar una exploración magistral de los celos en la alta sociedad rusa.
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Tragedia psicológica de hondo dramatismo escrita por Lermontov a los veinticuatro años. «Baile de máscaras» supera la trivial intriga de carnaval para desplegar una exploración magistral de los celos en la alta sociedad rusa. Arbenin encarna la contradicción del hombre culto, escéptico y finamente cruel, cuya pasión lo arrastra hacia el crimen irreversible. Con diálogos de estremecedor dramatismo, la obra retrata la progresión inexorable de un alma refinada hacia la locura.
Compuesta en 1834 y 1835, esta tragedia marca el apogeo del drama romántico ruso. Lejos de ser una mera intriga de salón, Lermontov concibe el «Baile de máscaras» como el marco para una exploración sin precedentes de la psicología humana. El telón de fondo carnavalesco es apenas decorado para la verdadera tragedia: la del celoso, un carácter humano de complejidad aún no reflejada cabalmente en la literatura. El protagonista, Eugenio Alexandrovich Arbenin, es un caballero distinguido de la aristocracia petersburguesa. Su apariencia es de refinada elegancia: manos aristocráticas, frente noble, cabello rubio y bigotes oscuros. Viste con elegancia impecable, encarnación de la distinción y la frialdad calculada. Pero bajo esta coraza de escepticismo e indiferencia late un volcán de emociones que, desatado, arrasa todo a su paso. Acostumbrado a dominar salones y a conquistar sin resistencia, Arbenin ama a su esposa Nina con una intensidad que lo consume. Cuando la sospecha de infidelidad anida en su mente, la reacción no es la del primitivo Otelo, colérico y descontrolado. La venganza de Arbenin es refinada, aristocrática, terrible precisamente por su frío cálculo. Lermontov presenta el diálogo previo a la muerte de Nina como uno de los momentos más estremecedores de la dramaturgia: la víctima proclama inocencia mientras el verdugo, con determinación inquebrantable, administra el veneno sin vacilar. La diferencia entre Otelo y Arbenin es abismal. El moro es primitivo, inculto, apasionado. Arbenin es escéptico, culto, fino y frío. Su crimen no es un arrebato, sino la culminación lógica de una mentalidad deformada por la sociedad. La locura que sobreviene a Arbenin como castigo final cierra el arco trágico, manifestación de cómo la culpa y el crimen destruyen el alma. El «Baile de máscaras» consolida a Lermontov como dramaturgo de primera magnitud, heredero de Shakespeare.
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