En un club de Queens donde cada sábado se mide en miradas, Lexie Frazier —trabajadora social de veinticinco años— por fin consigue la atención del camarero por el que suspira desde hace meses.
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En un club de Queens donde cada sábado se mide en miradas, Lexie Frazier —trabajadora social de veinticinco años— por fin consigue la atención del camarero por el que suspira desde hace meses. Esa misma noche se cruza con Quentin Haynes, un desconocido arrogante de ojos verdes y mala fama, y el choque entre ambos deja una grieta que ninguna cita perfecta logra tapar. "Un tipo malo", de Lena Gray, es una novela romántica contemporánea sobre el deseo que se elige y el que simplemente ocurre.
Lexie Frazier ha aprendido a sostener las vidas de otros. Trabajadora social en Queens, acaba de cerrar el caso de un niño de doce años que se fugó de casa entre los gritos de sus padres, y el alivio de haberlo devuelto a un equilibrio posible le sabe a permiso para respirar. Por eso el sábado importa: es la frontera semanal entre lo que carga y lo que quiere, y esta vez llega con un vestido verde, el pelo rizado con plancha y una decisión tomada de antemano.
El destino es el Salón Lateral, mitad bar mitad discoteca, con música en vivo y una barra en el piso de arriba donde trabaja Kayl: rubio casi blanco, ojos azules, sonrisa de repertorio y una fila de chicas esperando su turno. Lleva tres meses coqueteando con Lexie de un modo que ella no sabe leer —¿estrategia o interés?— y esta noche quiere averiguarlo. La acompaña Zoey, su mejor amiga y colega, compañera de veinticinco años y de bromas sin filtro, junto a Brooke y Fe, las dos casadas del grupo, que observan el asunto con la mezcla justa de ternura y burla.
Entre la multitud y las escaleras se interpone Quentin Haynes. Alto, moreno, de ojos verdes y una sonrisa torcida que a Lexie le resulta insoportable, la aborda con un comentario mordaz y consigue exactamente lo que buscaba: una discusión. Ella responde, él contraataca, y lo que empieza como un roce de egos termina en frases que ninguno de los dos olvidará. Cuando Lexie pregunta por él, la respuesta la inquieta: Quentin llega siempre con una chica distinta y un grupo de amigos que parecen guardaespaldas; se dice que anda en asuntos turbios. Se dice mucho, en realidad. Y esa noche, afuera del local, Lexie descubre que los rumores que repitió sin pensarlo tenían un precio.
Mientras tanto, Kayl cumple lo prometido. La espera termina, el beso llega y con él la sensación de haber alcanzado por fin lo que llevaba meses deseando. Pero el brillo de esa madrugada convive con algo incómodo: la comparación involuntaria, la frase que Quentin le dejó clavada —“lo hace con todas”—, la certeza mal disimulada de que se equivocó con alguien que había ido a disculparse.
Lena Gray construye una novela romántica contemporánea de ritmo rápido, narrada en primera persona y en presente, donde la voz de Lexie —irónica, insegura, honesta hasta el ridículo— lleva todo el peso. Alrededor, un Nueva York cotidiano: un ático heredado de una amiga que se mudó, cenas de domingo con tortilla rellena, la sombra de una madre que murió demasiado joven y un padre que nunca existió. El resultado es una historia sobre atracción, prejuicio y las etiquetas que asignamos antes de mirar de cerca: la del chico perfecto y la del tipo malo, y lo poco que ambas resisten cuando alguien insiste en mirar dos veces.