Una crónica narrativa que sigue a la familia Bacardí desde la Santiago de Cuba del siglo XIX hasta la multinacional del ron de nuestros días, y que usa esa saga empresarial y familiar como hilo para contar ciento cincuenta años de historia…
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Una crónica narrativa que sigue a la familia Bacardí desde la Santiago de Cuba del siglo XIX hasta la multinacional del ron de nuestros días, y que usa esa saga empresarial y familiar como hilo para contar ciento cincuenta años de historia cubana: la lucha contra el dominio español, el nacimiento de una identidad nacional, el auge y la ruptura con la revolución de Fidel Castro, y el largo exilio de quienes se fueron sin dejar de reclamar la isla como propia.
En la calle Marina Baja de Santiago de Cuba, entre recuas de mulas, almacenes portuarios y el olor persistente de la basura, un comerciante catalán llamado Facundo Bacardí levantó a mediados del siglo XIX un pequeño negocio de ron. De aquel taller salió un aguardiente más ligero y seco que sus predecesores, y con él una marca reconocible por un murciélago negro dentro de un círculo rojo, símbolo tomado de los barriles reciclados que llegaban al puerto y de la heráldica catalana, donde el animal significaba suerte, hermandad y regreso al hogar.
El libro parte de ese origen modesto para desplegar una historia mucho más amplia. Su figura central en los primeros capítulos es Emilio Bacardí, primer hijo del fundador nacido en la isla: lector, dibujante, cronista y conspirador, que llevaba las cuentas del negocio familiar mientras hacía circular mensajes cifrados para el movimiento independentista y ayudaba a imprimir un periódico clandestino bajo la censura española. Emilio acabaría siendo el primer alcalde cubano de Santiago y el autor de una monumental crónica local en la que anotó por igual funerales, estrenos teatrales, ventas de esclavos y llegadas de vapores, convencido de que la historia de un pueblo se encuentra en lo que lo conmueve, lo irrita y lo hace reír.
Alrededor de la familia se ordena el retrato de una ciudad y de un país. Santiago aparece aquí como cuna del nacionalismo cubano y como puerto mestizo, más próximo en muchos aspectos al Caribe francés y a Jamaica que a La Habana: fundada por Diego Velázquez sobre la resistencia y el suplicio del cacique taíno Hatuey, poblada por peninsulares, criollos, esclavos, libertos y colonos llegados tras la revolución haitiana, sacudida por terremotos, epidemias de cólera y por la represión brutal del llamado año del látigo. La narración no ahorra las contradicciones: el mismo hogar que educaba a sus hijos en francés y en la lectura vendió esclavas heredadas para financiar el negocio; la misma familia que prosperó con el azúcar y la melaza cubanas conspiró contra el orden colonial que las sostenía.
En el siglo XX la saga cambia de escala. La empresa se vuelve mecenas del béisbol y de la música cubana, ron de escritores y de casinos, ejemplo citado de buena gestión y de relaciones laborales avanzadas. Su presidente en los años cincuenta, José Pepín Bosch, llega a ministro de Finanzas y persigue la evasión fiscal de los ricos; cuando Castro baja de la Sierra Maestra, los Bacardí están entre quienes lo apoyan, y Bosch es el único empresario que viaja con él a Washington. La ruptura llega con el giro socialista y la confiscación: la familia se marcha, reconstruye la destilería en Puerto Rico y México y se convierte en financiadora de la oposición. El conflicto entre ambas partes termina simbolizando la nación partida en dos y las versiones enfrentadas de su propio pasado.
El relato se cierra con una pregunta abierta hacia el presente. Bacardí es hoy una multinacional privada con sede en las Bermudas y un catálogo que va mucho más allá del ron, pero conserva un sentido de identidad cubana y el sueño de destilar otra vez en la isla. El autor evita convertir a la familia en salvadora de nada: le interesa como testigo privilegiado y como espejo de una historia que no estaba escrita de antemano, donde hubo caminos no tomados y personas excluidas cuyas contribuciones —y cuya ira— merecen entenderse. Lo que queda es una lectura matizada de Cuba a través del negocio, la fiesta y la política de una sola estirpe.
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