Antes de que Manchester e Ibiza se convirtieran en los relatos oficiales de la revolución del baile europeo, Valencia llevaba años inventando la suya.
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Antes de que Manchester e Ibiza se convirtieran en los relatos oficiales de la revolución del baile europeo, Valencia llevaba años inventando la suya. Este libro reconstruye, con las voces de quienes la vivieron desde dentro, la escena valenciana de los ochenta y los primeros noventa: sus discotecas, sus DJ, sus tiendas de discos de importación y los conciertos de culto que llenaban salas de madrugada. Una historia oral que devuelve el foco a lo que hubo de vanguardia musical allí donde la prensa solo quiso ver excesos, y que rastrea tanto los cimientos de aquel fenómeno como las razones de su derrumbe.
Hay episodios de la historia de la música de baile que se repiten como liturgia: el club que cambió a un DJ para siempre, el verano isleño que encendió la mecha del acid house británico. Este libro parte de esa cronología aceptada para señalar una ausencia difícil de explicar: mientras esos momentos se contaban una y otra vez, un movimiento que llegó a reunir a decenas de miles de personas cada fin de semana en un circuito de salas valencianas quedaba fuera del relato. La obra se propone reparar esa omisión, y lo hace por la vía más directa posible: dejando hablar a sus protagonistas.
El resultado es una historia oral construida a lo largo de dos años de investigación y entrevistas, con un armazón deliberadamente cronológico. Por sus páginas desfilan DJ pioneros, empresarios de ocio nocturno, músicos, disqueros, periodistas, relaciones públicas y responsables de sellos y tiendas de importación. Junto a ellos aparecen los escenarios que dieron forma al fenómeno —discotecas, pubs, salas de conciertos, aparcamientos convertidos en punto de encuentro, mostradores donde se descubría el disco que sonaría el sábado siguiente— y también los locales de otras ciudades que compartían circuito y sensibilidad.
El libro dedica una atención especial a los antecedentes. Antes de cualquier etiqueta hubo una escena de calidad notable: bandas internacionales que actuaban en salas valencianas a horas imposibles y ante públicos entregados, grupos británicos y europeos que encontraban aquí una acogida mayor que en sus países de origen, y cabinas donde el eclecticismo era norma y no excepción. Esa genealogía —el turismo de los años setenta, la circulación clandestina de discos importados, los primeros pinchadiscos que aprendían el oficio sobre la marcha— explica cómo se llegó a un fenómeno de dimensiones difíciles de gobernar.
La segunda línea de indagación es el desenlace. El autor examina cómo una escena nacida de la experimentación acabó reducida a caricatura mediática a partir de los primeros noventa, y hasta qué punto ese retrato explícito y sensacionalista condicionó su colapso. La reflexión alcanza al propio vocabulario: el término popular que da título al libro, celebratorio y espontáneo en su origen, y la mínima alteración ortográfica que, impulsada desde los medios, terminó por cargarlo de connotaciones que muchos entrevistados aún rechazan.
Completan el volumen un extenso reparto de voces presentado a modo de dramatis personae, un aparato de notas sobre locales, discos, artistas, conciertos y sustancias, y un material fotográfico reunido con dificultad, precisamente porque casi nadie pensaba en documentar aquello mientras ocurría. Más que un ejercicio nostálgico, el libro funciona como recuperación de un capítulo enterrado de la cultura popular reciente: la crónica coral de un momento en que una ciudad mediterránea marcó el paso del baile europeo y nadie se molestó en anotarlo.