Pedro Ribera, novelista consagrado, se retira a una casa en Bétera buscando soledad y recuperar su inspiración perdida tras meses agotadores de promoción y un reciente divorcio. Su vida está bloqueada por la apatía y el alcohol.
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Pedro Ribera, novelista consagrado, se retira a una casa en Bétera buscando soledad y recuperar su inspiración perdida tras meses agotadores de promoción y un reciente divorcio. Su vida está bloqueada por la apatía y el alcohol. Un día, un sobre certificado lo sumerge en un misterio inesperado: una mujer desconocida, Berta Astomi Ferrán, lo ha nombrado legatario de su fortuna con una condición especial. La lectura del testamento reúne a personajes diversos del mundo eclesiástico, administrativo y personal, cada uno con sus intereses en la herencia. Lo que comienza como un acto notarial rutinario se revela como el inicio de una intriga que transformará la vida del escritor.
Pedro Ribera es un escritor consagrado que acaba de ganar el Premio Constelación. Tras meses de agotador peregrinaje promocional, se retira a una casa en Bétera, Valencia, buscando recuperar la paz interior perdida y su capacidad creativa. La ruptura de su matrimonio lo ha dejado herido. En la soledad de la casa, rodeada de pinos y naranjales, intenta comenzar su próxima novela sobre espionaje estadounidense, pero se encuentra bloqueado por una apatía profunda que ni el alcohol consigue aliviar. Vive aislado mientras los días pasan sin diferencia. El 10 de enero de 2003 llega un sobre certificado que cambiará su vida. Contiene una convocatoria de la notaría de Rafael Torró anunciando la lectura del testamento de Berta Astomi Ferrán, una mujer completamente desconocida que ha fallecido hace más de un mes. El notario le advierte que la proposición es extravagante: la señora Astomi lo ha nombrado legatario de parte considerable de su fortuna. Una semana después, en la notaría valenciana, Ribera se encuentra rodeado de personajes inesperados: el hijo de la fallecida, un abogado, una mujer de compañía, un jornalero, representantes de la iglesia católica y funcionarios. Cada uno tiene una carpeta con su nombre, indicador de su participación en la herencia. El testamento no es convencional: es el décimo y último que firmó la señora Astomi, escrito seis meses antes de su muerte, con un preámbulo y seis cláusulas que prometen revelar una intriga inesperada. Ribera comprende que ha entrado en una trama que lo vinculará irremediablemente con la memoria de una extraña que, desde la muerte, ha decidido que sus servicios resulten imprescindibles.
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