Una novela que entrelaza dos épocas: la Holanda del siglo XVII con la muerte del maestro pintor Johannes Vermeer, cuando su suegra Maria Thins debe enfrentarse a la venta del último lienzo; y la contemporaneidad, donde Marta Miralles, una…
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Una novela que entrelaza dos épocas: la Holanda del siglo XVII con la muerte del maestro pintor Johannes Vermeer, cuando su suegra Maria Thins debe enfrentarse a la venta del último lienzo; y la contemporaneidad, donde Marta Miralles, una restauradora de arte independiente, es citada por sorpresa por la influyente Emilia Medraño. Un relato sobre el legado del arte, la preservación de la memoria y las conexiones invisibles entre pasado y presente que transforman vidas.
Blanco de Plomo es una novela que teje dos historias separadas por tres siglos, unidas por la pasión por el arte y el acto de la restauración. La primera parte retoma los últimos días de Johannes Vermeer en la Holanda del siglo XVII. Tras la muerte del maestro, su suegra Maria Thins observa cómo el dolor se disipa rápidamente entre los miembros de la familia, excepto en ella misma, quien mantiene vivo cada recuerdo de su yerno. Catharina, la viuda del pintor, pragmática y amargada por las dificultades económicas que dejó su ausencia, toma la decisión de vender el último cuadro que permanecía en el estudio familiar, una obra que Vermeer siempre se había negado a comercializar porque la consideraba incompleta. Maria Thins asiste, desolada, al desgarro de perder esa última huella física del genio de su yerno.
La segunda narrativa nos transporta a la Madrid contemporánea, donde Marta Miralles, una restauradora de arte de formación impecable y éxito emergente, vive una vida austera y controlada. En su taller integrado en su hogar trabaja la restauración de obras maestras, incluido un complejo lienzo de Van Eyck que la inquieta desde el principio. Su vida meticulosa se quiebra cuando recibe una llamada inesperada de Emilia Medraño, directora de una prestigiosa casa de subastas para la que trabajó como aprendiz, quien la convoca para una reunión de importancia indeterminada.
Entre el dolor de Maria Thins y la incertidumbre de Marta, la novela teje reflexiones sobre la naturaleza del arte, la restauración como acto de preservación de la memoria, la soledad de quienes crean y el legado invisible que trasciende generaciones. Cada escena es un retablo meticulosamente construido donde los detalles importan: el sonido de los pinceles, el olor a aceite y barniz, la caída de la luz, las palabras no pronunciadas.