Publicada en París en 1867, esta novela de Alfred Assollant sigue a un joven capitán bretón que se presenta ante una academia científica para reclamar una misión imposible: viajar a la India y recuperar un libro sagrado que nadie ha…
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Publicada en París en 1867, esta novela de Alfred Assollant sigue a un joven capitán bretón que se presenta ante una academia científica para reclamar una misión imposible: viajar a la India y recuperar un libro sagrado que nadie ha logrado encontrar. Lo acompaña Louison, una tigresa de Bengala a la que trata como a una compañera de viaje caprichosa y a la que ninguna puerta cerrada detiene. Entre la sátira de la erudición solemne y el relato de aventuras exóticas, el libro combina humor volteriano, ironía política y episodios de acción con una ligereza que explica por qué sigue reeditándose siglo y medio después. La edición incluye las ilustraciones de Alphonse de Neuville que acompañaron al original francés y una introducción biográfica sobre el autor.
Una tarde de otoño de 1856, los miembros de una academia de ciencias provinciana duermen plácidamente mientras un colega lee, capítulo tras capítulo, un tratado sobre las huellas que deja en el polvo la pata de una araña en ayunas. El despertar los enfrenta a un asunto más urgente: un académico fallecido ha legado cien mil francos a quien se atreva a viajar a la India y rescatar un libro sagrado anterior a los Vedas, oculto por los brahmanes y buscado en vano por los eruditos ingleses. El candidato ideal debería resistir el clima, enfrentarse a tigres y bandidos, burlar los recelos de la administración británica y dominar el sánscrito, el parsi y las lenguas populares de la península. Meses de concurso pasan sin que nadie reúna esas condiciones.
Entonces aparece Corcorán: veinticinco años, camisa roja, ojos verdes, ninguna reverencia y una hoja de servicios que incluye travesías balleneras de polo a polo, combates contra piratas en los mares de China y una genealogía bretona que recita con orgullo cómico. Traduce a libro abierto, tuerce con una mano los barrotes de hierro de la ventana y responde a la solemnidad académica con una franqueza que raya en la insolencia. Pero su credencial más persuasiva espera en la antesala, impacientándose, derribando sillas y espantando al portero: Louison, una tigresa real de cinco años nacida en los trópicos, que almuerza puntualmente a la una y ese día no ha almorzado.
La irrupción del animal convierte la sesión académica en una comedia de asedio. Los sabios se atrincheran tras las butacas, calculan rutas de fuga y miden la distancia hasta el rincón de su chimenea, mientras el capitán —sin levantarse del sillón que nadie le ofreció— acaricia a su compañera y accede a contar cómo se conocieron: una cacería en Java, un río bautizado en memoria de un escocés devorado por un caimán glotón, dos guías malayos aterrados y un encuentro a diez pasos que estuvo a punto de terminar de otro modo. Fuera, las campanas tocan a rebato y los tambores llaman a las armas; dentro, el relato avanza a saltos, se desvía, vuelve, y el narrador se ríe por igual de las instituciones que se toman en serio a sí mismas y del héroe que las desarma.
Assollant —normalista, profesor de historia apartado de las aulas por sus ideas liberales, viajero desencantado de Norteamérica, periodista incansable y candidato político siempre derrotado— escribió aquí su libro más duradero. Bajo la fantasía de aventuras late su programa: la libertad de pensamiento y de palabra, la desconfianza hacia toda autoridad que se autoproclama, y un escepticismo aprendido de Voltaire que le permite caricaturizar incluso aquello que admira. De su obra extensa —más de veinte títulos y centenares de artículos—, esta es la que sobrevivió, leída sobre todo por jóvenes lectores, aunque la ironía que la sostiene esté escrita para cualquier edad.
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