Carlos María de Heredia convierte al detective de Baker Street en huésped de la Ciudad de México y de Cuernavaca para resolver un caso tan absurdo como revelador: el robo de la linterna de Diógenes el Cínico, que ha cruzado el Atlántico…
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Carlos María de Heredia convierte al detective de Baker Street en huésped de la Ciudad de México y de Cuernavaca para resolver un caso tan absurdo como revelador: el robo de la linterna de Diógenes el Cínico, que ha cruzado el Atlántico buscando "un hombre" y ha terminado consultando a los espíritus. Entre titulares de periódico, corridas de toros, sesiones de médiums y objetos que desaparecen noche tras noche de una casita alquilada, el relato usa el método deductivo como contraveneno del prodigio: cada milagro anunciado esconde un mecanismo, y la lupa de Holmes sirve para enseñarlo. Es una fábula policial de intención divulgadora, escrita con humor costumbrista y desenlace que se cocina a fuego lento.
Una tarde de diciembre, en el piso de Baker Street, Holmes ordena legajos y dicta su testamento profesional: sus papeles irán al Museo Británico. Solo un objeto quisiera llevarse a la tumba, la lupa que le regaló un viejo amigo de colegio y que ha decidido el destino de inocentes y culpables por igual. Watson lo disuade con un argumento inesperado —regalarle ese gesto a los espiritistas sería imprudente— y la lupa queda también inventariada. La escena, casi doméstica, fija de entrada la tesis del libro: hay instrumentos que ven lo que el ojo desnudo no alcanza, y hay quienes prefieren llamar sobrenatural a lo que simplemente no han mirado de cerca.
El caso llega por partida doble, en un recorte de prensa y en un telegrama. Diógenes el Cínico, farolito en mano, ha seguido el consejo de un cónsul y ha viajado a México a buscar “un hombre”; instalado en una casita de Cuernavaca, ha sido despojado de su linterna. Un diario de la capital paga el viaje y exige la exclusiva. Holmes y Watson embarcan esa misma noche y llegan a una recepción multitudinaria: aeroplanos, banquetes, una corrida en su honor y la fotografía de la lupa en primera plana. La celebridad, aquí, es parte del expediente.
Antes de que el detective pise Cuernavaca, el lector ya ha asistido a lo que Holmes vendrá a examinar. Un reportero sigue al filósofo por las calles, lo lleva a una sesión del Hermano Gervasio y toma nota de todo: la vecina que garantiza curaciones, la enferma que recobra la voz tras un vómito providencial, el frasco caído del techo, la pregunta escrita en un sobre que los espíritus responden con exactitud sospechosa —después de que alguien la haya leído por encima del hombro—. El relato no denuncia: muestra el truco desde el ángulo desde el que se ve, y deja que el lector lo reconozca.
En Cuernavaca, Diógenes está en cama, con fiebre y visiones, convencido de que un espíritu manco lo despoja cada noche mientras duerme: primero el sombrero, luego la camisa, las sandalias, los calzones y por fin la linterna, siempre con puertas cerradas y trancadas. Holmes escucha, mide, examina el suelo con su lente, viaja al mercado de los ladrones y a las tiendas de antigüedades, prueba el tabaco que le han regalado al filósofo y pasa una noche entera con tubos de ensayo y lámpara de alcohol. Cuando también él pierde su pipa y su cachucha, la investigación deja de ser un encargo periodístico y se vuelve personal. Con la llegada del jefe de la policía y unos granos de resina sobre un papel de filtro, el hilo del enigma queda tendido y a la vista, listo para tensarse.
Heredia —jesuita mexicano, conferencista y autor de libros dedicados a explicar los fraudes atribuidos a lo oculto— escribe aquí con estilo ágil, diálogo abundante y oído fino para el habla popular. El pastiche holmesiano le sirve de vehículo: la parodia afectuosa del detective y su cronista, el cameo de un Diógenes cínico y sableador, y el retrato satírico de un ambiente donde la superstición convive con la devoción y con la crónica de espectáculo. Volumen IX de sus obras completas, es a la vez entretenimiento y ejercicio de higiene mental sobre lo que conviene creer y por qué.
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