En un Tatooine de arena y horizontes vacíos, Luke Skywalker cambia la rutina de la granja de humedad por una escapada al Cañón del Mendigo junto a su amigo Windy.
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En un Tatooine de arena y horizontes vacíos, Luke Skywalker cambia la rutina de la granja de humedad por una escapada al Cañón del Mendigo junto a su amigo Windy. Lo que empieza como un día de diversión termina en un saltacielos estrellado, jawas merodeando la chatarra, moradores de las arenas rondando muy cerca y una noche a la intemperie. Cuando el rugido de un dragón krayt los acorrala, una figura encapuchada aparece de la nada y lo cambia todo.
Antes de convertirse en héroe, Luke Skywalker era solo un adolescente inquieto en el planeta más remoto de la galaxia. Vive con sus tíos Beru y Owen en una granja de humedad, recolectando agua del aire seco de Tatooine y vendiéndola a los pocos habitantes del desierto. Quiere a su familia, pero el trabajo no le basta: lo que de verdad ansía es aventura. Este relato ilustrado recoge precisamente el día en que la encuentra, y el precio y el asombro que vienen con ella.
La excursión al Cañón del Mendigo comienza como un juego. Luke y su amigo Windy salen a hacer puntería con ratas womp a bordo del saltacielos T-16, esquivando picos rocosos a toda velocidad, hasta que una curva imposible acaba con la nave estrellada y humeante en el fondo del cañón. Ninguno de los dos resulta herido de gravedad, pero el desierto no perdona los descuidos: primero llegan los jawas, decididos a llevarse los restos del T-16; después, una banda de moradores de las arenas desciende de sus banthas mientras los chicos contienen la respiración tras un pedrusco. Cae la noche, improvisan un campamento con las mantas y la estufa que sobrevivieron al accidente, y entonces el eco de un rugido anuncia a la criatura más temida de Tatooine.
Acorralados entre la pared del cañón y un dragón krayt, la salvación llega en forma de un desconocido con túnica y capucha que, con un simple gesto de la mano, hace retroceder a la bestia. Se presenta como Ben, dice vivir en los páramos de Jundlandia y guía a los muchachos de vuelta a casa a lomos de un dewback salvaje que parece obedecerle sin motivo aparente. El regreso deja más preguntas que respuestas: el tío Owen reconoce al recién llegado, Ben desaparece en el paisaje antes de que nadie pueda explicarlo y Luke conserva la sensación de haber rozado algo mucho más grande que un rescate.
Narrada con frases breves y ritmo de cuento, esta historia funciona como puerta de entrada al universo de Star Wars para lectores jóvenes y como pieza afectuosa para quienes ya conocen el desenlace. El desierto, los depredadores y el hombre encapuchado componen un primer atisbo de destino: la certeza silenciosa de que alguien vela por él y siempre estará ahí.