Novela histórica ambientada en la Cartagena del siglo XIV, en el tramo final de al-Ándalus, cuando el avance cristiano estrecha el cerco sobre los últimos núcleos musulmanes de la península.
Descargar
Novela histórica ambientada en la Cartagena del siglo XIV, en el tramo final de al-Ándalus, cuando el avance cristiano estrecha el cerco sobre los últimos núcleos musulmanes de la península. Un prólogo situado en 1310 relata la huida de una pequeña comunidad mudéjar acosada por cazadores y perros de presa: acorralada a la orilla de un río, una madre llamada Imâd confía a su hija recién nacida a la corriente, sobre un trozo de corteza y con un collar de madera tallada al cuello. Diecinueve años más tarde, esa niña ha crecido como Ava Eiriz en una alquería a las afueras de la ciudad, sin sospechar de dónde viene. Vende dulce de frambuesa en el mercado, practica tiro con arco y recorre los caminos a caballo, hasta que una enfermedad en casa y dos encuentros inesperados empiezan a mover su vida en una dirección que no eligió.
La obra arranca con una panorámica del pasado de Cartagena —de la fundación cartaginesa a la conquista romana, el paso de vándalos, bizantinos y visigodos, la ciudad árabe y su incorporación a Castilla— para situar al lector en un territorio que ha cambiado de manos tantas veces que la convivencia y el conflicto forman parte de su paisaje. Sobre ese telón se abre el prólogo, en 1310: a las afueras de la ciudad sobrevive una pequeña morería de labradores mudéjares, gente humilde que cultiva la tierra, comparte el trabajo y sostiene su fe en los márgenes de una sociedad cristiana que la tolera a regañadientes. Una mañana cualquiera, después de la lluvia, el grito de un niño rompe la rutina: se acercan cazadores con perros de presa. La huida termina en la orilla de un río, sin salida posible, y allí una madre toma la decisión que dará origen a todo lo demás: en lugar de dejar que su hija muera, la ata a un trozo de corteza flotante, le cuelga un collar tallado y la entrega a la corriente con una despedida que es a la vez oración y augurio.
El relato salta después a 1329. Ava Eiriz tiene diecinueve años, ojos verdes, rizos claros y pecas, y vive con Oscar y Natalia en una granja modesta cerca de Cartagena. Es distinta de las jóvenes de la ciudadela: prefiere el caballo al vestido largo, practica arquería contra calabazas viejas y aporta a la casa vendiendo la mermelada de frambuesa que prepara con su madre, una fruta rara en el sur que llega gracias a contactos del norte. Su independencia choca a diario con una sociedad que espera de ella otra cosa, pero le ha enseñado a valerse sola.
Dos hechos alteran esa rutina. En el mercado, una pelea entre guardias y mudéjares espanta a su caballo y la arrastra monte arriba, hasta que la auxilia Jesús Esparza, hijo de un hacendado de las afueras; el encuentro es breve, cortés y queda abierto. Casi al mismo tiempo, Oscar cae desde un silo en reparación y vuelve a casa con fiebre y la espalda maltrecha, sin dinero en la familia para pagar un médico. Ava acude a la iglesia de la ciudad, aunque no es cristiana, y allí recibe el desprecio de un cura que condiciona la escucha de Dios a la limosna; la ayuda le llega, en cambio, de Sofía, una joven acomodada que presencia la escena y le tiende unas monedas y una invitación.
Entre la memoria de un origen que la protagonista desconoce y una vida cotidiana marcada por la escasez, el prejuicio y la tensión religiosa, la novela va tendiendo los hilos —el collar, el río, los nombres— que anuncian un reencuentro entre lo que Ava cree ser y lo que realmente fue.