Después de escapar de una relación que la fue vaciando a base de gritos, celos y una mano levantada, Natalia estrena piso propio en el centro de Boston con la sensación de haber recuperado su vida.
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Después de escapar de una relación que la fue vaciando a base de gritos, celos y una mano levantada, Natalia estrena piso propio en el centro de Boston con la sensación de haber recuperado su vida. Dura poco: un sobre negro aparece sobre la mesa del salón y su coche amanece con las ruedas pinchadas y un insulto escrito en el capó. En paralelo, un encuentro casual en plena calle la cruza con Derek, un desconocido de ojos azules que resulta ser detective de la comisaría donde va a denunciar. Romance adulto con carga erótica y trama de acoso, narrado en primera persona por una protagonista que descubre el deseo y el miedo al mismo tiempo.
La novela arranca con un portazo. Natalia encuentra a su pareja con otra mujer en su propia casa y decide marcharse esa misma noche, con una maleta de ropa y la certeza de que las explicaciones —las de la infidelidad, pero también las de los insultos y del día en que él le levantó la mano— se han agotado. Lo último que escucha al bajar las escaleras es una amenaza.
Dos meses después, la historia la recoge en plena mudanza. Ha pasado ese tiempo en casa de Clara, su mejor amiga y su contrapeso: periodista, arrolladora, decidida a que Natalia recupere las noches perdidas. El piso de alquiler en el centro de Boston es pequeño, pero es suyo, y con veinticinco años y un trabajo de maestra de primaria que la sostiene, Natalia se instala con la idea de empezar de cero. El mismo día del traslado choca en la acera con un desconocido que se presenta como Derek, la mira sin disimulo, se sube a una moto y desaparece dejándole una semana de insomnio.
El reencuentro llega antes de lo esperado, pero la amenaza llega primero. Al volver de la ducha, la víspera de una noche de chicas, Natalia encuentra sobre la mesa un sobre negro que no estaba allí: alguien ha entrado en su casa, la ha escuchado y le anuncia que le quedan pocas noches tranquilas. En el garaje, el coche destrozado confirma que no es una broma. Aun así se deja arrastrar al club de moda, donde Derek vuelve a aparecer entre la multitud y donde Clara empieza algo con Dylan, dueño del local y amigo de Derek desde el instituto. Las dos parejas quedan enlazadas desde esa noche.
Cuando Natalia por fin acude a comisaría, la ironía se cierra sobre sí misma: el hombre con el que lleva días soñando es el detective que va a llevar su caso. A partir de ahí la novela avanza en dos carriles que se rozan constantemente. Por un lado, la relación con Derek, contada sin eufemismos, con escenas explícitas, mensajes a medianoche, cenas en un italiano de barrio y una confesión difícil: la muerte de su antiguo compañero de patrulla en una emboscada, una culpa que él no ha sabido soltar. Por otro, la investigación, que apunta de entrada al ex de Natalia —Javi, el hombre del prólogo— sin que nada lo confirme, mientras alrededor circulan otras presencias incómodas, como un compañero de trabajo que insiste en acompañarla a casa.
El título funciona como la pregunta que organiza el libro. Natalia se ha pasado un año encajando explicaciones para conductas que no las merecían, y ahora alguien la obliga a preguntarse otra vez por qué: por qué la vigilan, por qué la insultan, por qué el pasado no termina de cerrarse. Contada en primera persona y en presente, con voz coloquial, humor y un ritmo de capítulos cortos, la obra alterna la comedia de la amistad femenina, el romance de atracción inmediata y la tensión de un acosador que sabe dónde vive. Estructurada en prólogo, dieciséis capítulos y epílogo, es una lectura de romance adulto con suspense, dirigida a público mayor de edad por su contenido sexual y por el tratamiento de la violencia en la pareja.