Mario, florista en Triana, y Adriana, abogada italiana afincada en Sevilla, se rozan por casualidad y descubren una atracción que ninguno sabe explicar.
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Mario, florista en Triana, y Adriana, abogada italiana afincada en Sevilla, se rozan por casualidad y descubren una atracción que ninguno sabe explicar. Cuando el diagnóstico de la hermana adolescente de Mario sacude a su familia, ese amor incipiente empieza a medirse contra algo mucho más grande que una primera cita.
Todo empieza en una sala de espera de hospital, con un narrador que cuenta los segundos y una puerta que está a punto de abrirse. Antes de que sepamos qué noticia llega, la novela retrocede tres años y nos deja en Sevilla, en plena primavera sofocante, dentro de una pequeña floristería de Triana.
Allí trabaja Mario Prendes, veintiséis años, botánico de formación y soñador de jardines que algún día quiere diseñar parques enormes lejos de su barrio. Vive solo, pasa los fines de semana en el chalet familiar, hace rabiar a su hermana Alicia y juega a las cosquillas con su hermano pequeño. Tiene un grupo de amigos de toda la vida —el fiestero, el bromista, la soñadora que quiere ser escritora, la modelo que sirve copas, el diseñador con futuro— y una vida cómoda a la que solo le falta una cosa: nunca se ha enamorado, y hasta ahora tampoco le ha importado demasiado.
En paralelo conocemos a Adriana Bianco, italiana llegada a Sevilla con seis años, hija única de una familia que convirtió un sueño en el restaurante “Toma tu pasta”. Es abogada, fundó su propio bufete y lo sostiene para poder pelear contra el maltrato animal. Vive sola en un piso pequeño con una terraza desde la que mira las estrellas cada noche, arrastra el final de una relación con un ex que insiste en volver, y una tarde, entrando en una terraza junto al Guadalquivir, alguien le roza la mano al pasar y siente algo que no sabe nombrar.
La novela cruza las dos voces en capítulos alternos hasta el encuentro inevitable: Adriana entra en la floristería a encargar un ramo para el cumpleaños de su madre, sus dedos se rozan sobre una tarjeta y ambos reconocen, cada uno por su lado, la misma sensación de la que llevaban días sin poder desprenderse. Lo que sigue es un cortejo hecho de pequeñas cosas —un ramo regalado, un nombre por fin preguntado, un té helado, un apodo que sale sin querer— narrado desde dentro, con las dudas y el nerviosismo de los dos protagonistas contados a la vez.
Pero la felicidad no llega sola. En el mismo tramo en que Mario empieza a enamorarse, sus padres le comunican que a Alicia le han detectado un cáncer de piel, y él se jura que su hermana no va a pasar un solo día triste: regalos, salidas, un parque de atracciones, cualquier cosa con tal de verla sonreír. Cuando por fin consigue su primera cita con Adriana, una llamada de su madre lo levanta de la mesa y lo lleva directo al hospital. Ella insiste en acompañarlo.
“Atte: tu amor” es una novela romántica escrita en primera persona y en presente emocional, ambientada con detalle en la Sevilla cotidiana: el calor de la primavera, el ruido de una obra al lado de la tienda, el olor de las flores, la orilla del río. Alterna la ligereza de las conversaciones entre amigos con el peso de una enfermedad que reordena las prioridades de toda una familia, y plantea sus preguntas sin adornos: qué es realmente enamorarse, cuánto se puede sostener a quien se quiere y qué queda cuando el destino decide adelantarse.