De día, Kelsey Billings dirige una corporación multimillonaria enfundada en trajes impecables; de noche baila enmascarada sobre el escenario de un pequeño club llamado The Pink Lady, donde nadie sabe su nombre real.
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De día, Kelsey Billings dirige una corporación multimillonaria enfundada en trajes impecables; de noche baila enmascarada sobre el escenario de un pequeño club llamado The Pink Lady, donde nadie sabe su nombre real. Su doble vida se sostiene sobre una regla sencilla —deseo sin ataduras, poder sin concesiones— hasta que una desconocida de ojos verdes le pide un baile privado y la reta con cuatro palabras: a que no te atreves. «Atrévete», de Larkin Rose, es una novela de romance erótico lésbico sobre el sexo entendido como refugio y sobre lo que cuesta, después, salir de él.
Kelsey Billings ha convertido la doble vida en un sistema. Durante el día es la ejecutiva que devora empresas rivales y llena páginas de las revistas de economía, con la trenza tirante y el traje como armadura. Los viernes por la noche se pone una máscara negra, responde al nombre de Veronica y baila para una sala abarrotada que grita, silba y estira los brazos hacia un cuerpo que jamás va a alcanzar. No baila por dinero: no lo necesita. Baila porque sobre el escenario manda ella, porque la amistad con Sharon —la dueña del local, que sí necesita llenar la caja— la ata a ese sitio, y porque el deseo ajeno es la única cosa que consigue apagarle el ruido de la vida real.
El equilibrio se rompe la noche en que Sharon le anuncia una clienta esperando en el cuarto interior. Jordan Porter, campeona de kárate de hombros anchos y mirada verde, ha visto el número entero desde la barra y ha entendido lo que el resto del público no vio: que Veronica desprecia a quienes seduce y que se guarda deliberadamente lo que todas quieren. Jordan tampoco busca compromiso —lleva años eligiendo a mujeres ocupadas, comprometidas o demasiado ambiciosas como para pedirle nada—, pero paga sus treinta dólares, acepta la regla de no tocar y, cuando termina la música, formula el desafío que dará título al libro. Kelsey se quita la máscara. Es el primer error, o el primer acierto, dependiendo de cómo termine la historia.
Lo que sigue esa noche es una negociación entre dos mujeres que se parecen demasiado: ambas acostumbradas a controlar, ambas convencidas de que el sexo puede consumirse sin consecuencias, ambas incapaces de reconocer que están pidiendo otra cosa. Larkin Rose escribe el encuentro con voz doble, alternando los capítulos entre las dos cabezas, de modo que el lector ve simultáneamente la impaciencia de una y la deliberada lentitud de la otra. Kelsey exige rapidez porque la lentitud la obligaría a sentir; Jordan impone la espera porque intuye que ahí está el verdadero desafío. El humor descarado de Darren —compañero de camerino, mejor amigo y conciencia poco discreta de Kelsey— sostiene los pasajes más ligeros y le da a la novela un contrapunto cómplice que impide que el conjunto se vuelva solemne.
Detrás del pulso erótico late una novela sobre identidades gestionadas: la máscara física de Veronica, la coraza corporativa de Kelsey, la coartada de la carrera profesional de Jordan. Ninguna de las dos quiere arriesgar el corazón, y sin embargo el reto inicial —besar, atreverse, desear más— va escalando hacia territorios que ninguna había planeado pisar. A ese pulso íntimo se le suma una amenaza externa: alguien observa a Kelsey con una fijación que va mucho más allá de la admiración del público, y los secretos que ambas arrastran del pasado no tardarán en pedir cuentas.
Publicada en castellano por Egales, «Atrévete» pertenece de lleno a la tradición del romance erótico lésbico contemporáneo: sensualidad explícita, protagonistas adultas y profesionalmente definidas, y una tensión que se construye tanto en el diálogo afilado como en los cuerpos. Es una lectura dirigida a público adulto que disfruta de la mezcla de suspense y erotismo, del enfrentamiento entre dos personalidades igual de tercas y de esa pregunta que la novela deja abierta hasta el final: si el fuego que las une bastará para sostenerlas o acabará quemándolo todo.