Un psiquiatra clínico examina la hipersexualidad —la conducta sexual que escapa al control de quien la vive— combinando evidencia científica, casos reales de consulta y una mirada crítica sobre la cultura que confunde libertad con ausencia…
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Un psiquiatra clínico examina la hipersexualidad —la conducta sexual que escapa al control de quien la vive— combinando evidencia científica, casos reales de consulta y una mirada crítica sobre la cultura que confunde libertad con ausencia de límites. El libro busca que quien sufre en silencio sepa que existe ayuda profesional y que tiene derecho a pedirla.
Hay un territorio del malestar humano que la conversación pública apenas nombra: el de quienes han perdido el control sobre su propia conducta sexual y llevan años sosteniendo, en secreto, un desgaste que arrasa con su trabajo, su pareja, sus finanzas y su estima. Este ensayo divulgativo se ocupa precisamente de ese punto ciego, y lo hace desde la consulta —desde el lugar donde las estadísticas dejan de ser cifras y adoptan rostro, nombre y biografía.
El autor, médico psiquiatra con experiencia clínica e investigadora en la materia, parte de una constatación incómoda: no existía en castellano un tratamiento del tema ni riguroso ni accesible. De ahí su doble destinatario, el lector no especializado y el profesional sanitario, y de ahí también su estructura permeable, que invita a saltar capítulos y detenerse en lo que a cada quien le sirva. El planteamiento evita los dos extremos habituales. No convierte cualquier deseo intenso en patología —el propio autor se interroga sobre el riesgo de «inventar enfermedades»— ni acepta la consigna de que en materia sexual todo vale y toda conducta es normal. La distinción que propone no es aritmética sino cualitativa: el problema aparece cuando la sexualidad se desordena, toma el mando y destruye lo que la persona había construido.
Buena parte de la fuerza del libro está en su material humano. Historias reales, reproducidas con autorización expresa y con los datos alterados para impedir cualquier identificación, recorren el texto: dobles vidas sostenidas durante décadas, consumo compulsivo de pornografía que cuesta un empleo, encuentros que dejan enfermedad y vergüenza, despertares junto a desconocidos no deseados. El autor advierte al lector que no se detenga en lo crudo ni en lo morboso, porque esos relatos están ahí como testimonios de superación y no como espectáculo.
En paralelo corre una lectura cultural. La liberación sexual, argumenta el libro mediante una imagen memorable —animales sueltos fuera de su medio, que mueren o dañan lo que encuentran—, trajo comprensión y desbloqueo, pero también mitos nuevos y una presión inédita: la de la actividad sexual como obligación. El texto desmonta el relato luminoso que ofrecen el cine, la publicidad y la moda contrastándolo con lo que después confiesan sus propias protagonistas, y señala una paradoja de época: el tabú ya no es el sexo, explícito hasta la saciedad, sino el vínculo, el compromiso y el afecto.
El recorrido no se agota en el diagnóstico. Frente a una sexualidad reducida a mecánica del placer inmediato, el libro sostiene que existe otra, capaz de crecer en la relación con otra persona, y dedica sus tramos finales a esa posibilidad. La sexualidad aparece así como un valor que enriquece o destruye según se integre —o no— en un proyecto vital coherente. Con prólogo y presentación a cargo de especialistas en psiquiatría y medicina psicosomática, y con la advertencia explícita de que no sustituye la consulta profesional ni funciona como manual de autoayuda, la obra ofrece conocimiento, orientación y, sobre todo, una salida: la de recuperar la libertad allí donde se había perdido.
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