En «Atentamente, tu asesino», Zid Castañeda cruza el thriller financiero con el romance más oscuro. Linda Raines, economista brillante recién nombrada encargada del tesoro estatal, descubre que su ascenso viene con un precio: cuadrar…
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En «Atentamente, tu asesino», Zid Castañeda cruza el thriller financiero con el romance más oscuro. Linda Raines, economista brillante recién nombrada encargada del tesoro estatal, descubre que su ascenso viene con un precio: cuadrar cifras que no cuadran y mirar hacia otro lado. Mientras aprende las reglas no escritas del poder, alguien empieza a dejarle rosas y versos en lugares donde nadie debería entrar. Cuando la maquinaria que la encumbró decide convertirla en culpable, el único aliado que le queda será precisamente ese desconocido que la ha estado observando desde las sombras.
Linda Raines tiene la vida que muchos persiguen: una casa que un día pareció inalcanzable, cinco años de matrimonio con Nick Rhodes —abogado corporativo y mano derecha del presidente del White Star Bank— y una carrera en ascenso que acaba de dar su salto decisivo. El gobernador la presenta ante las cámaras como la nueva encargada del tesoro del estado, y por primera vez su nombre y su rostro pertenecen al país entero. Lo que nadie le explica en la rueda de prensa es que su verdadero encargo no consiste en encontrar el dinero faltante, sino en explicar convincentemente por qué falta.
El descubrimiento de un agujero de millones en las arcas públicas la empuja hacia una frontera que hasta entonces solo había visto de lejos. Nick, que conoce el terreno mejor que nadie, le ofrece una salida elegante y perfectamente legal en apariencia: una operación con paquetes de deuda sin valor que transforma un robo sostenido durante administraciones enteras en un simple error bursátil. Linda firma, obedece y triunfa. El gobernador habla de un milagro; el tesoro federal le ofrece un puesto mayor. Pero el éxito la deja con la sensación exacta de haber pisado arenas movedizas, y con la certeza incómoda de que acaba de conocer una cara de su marido que ignoraba.
En paralelo, una segunda historia se le instala en casa sin pedir permiso. Una rosa sobre la cama y un poema que no escribió Nick. Después, otra nota en una oficina a la que solo se accede con su huella digital. Luego, llamadas desde un número privado en las que no habla nadie: solo una respiración, y más tarde una sinfonía. La pieza resulta ser la última de Chaikovski, compuesta al borde del derrumbe personal, estrenada nueve días antes de la muerte de su autor. Nueve minutos entre llamada y llamada, nueve llamadas en total. Quien la observa no está improvisando: le está proponiendo un calendario.
A partir de ahí, la novela aprieta las dos cuerdas a la vez. La corrupción que Linda ayudó a maquillar necesita, tarde o temprano, un rostro que cargue con la culpa, y hay demasiados intereses —bancarios, políticos, personales— señalando en la misma dirección. Convertida en la criminal más buscada y perseguida por el mismo sistema que la premió, Linda descubrirá que la única lealtad intacta que le queda es la de ese poeta obsesivo cuya mente funciona con reglas propias y cuyos métodos de protección son tan eficaces como perturbadores. Acompañarlo será también entrar en su pasado, en el monstruo que arrastra y en las razones por las que eligió mirarla a ella.
Distribuida en veintiún capítulos que avanzan del despacho al escondite y de la seducción a la cacería, la obra sostiene un pulso de intriga sin renunciar al retrato íntimo. Castañeda escribe personajes deliberadamente ambiguos —ninguno del todo culpable, ninguno del todo inocente— y usa el suspenso para preguntar hasta dónde se puede negociar con la propia conciencia antes de quedarse sin nada que negociar. Una lectura para quienes disfrutan del thriller psicológico con trasfondo financiero y no le temen a un romance construido sobre terreno inestable.
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