En «Atada a ti», Erine Lowell sitúa el inicio de un romance en el verano de Capri, donde Angelet Verini, de dieciocho años, coincide con Alessandro Ricardi, un romano de veinticuatro acostumbrado a que nada se interponga entre él y lo que…
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En «Atada a ti», Erine Lowell sitúa el inicio de un romance en el verano de Capri, donde Angelet Verini, de dieciocho años, coincide con Alessandro Ricardi, un romano de veinticuatro acostumbrado a que nada se interponga entre él y lo que desea. Entre baños de mar, heladerías y calles de piedra llenas de turistas, la atracción crece al mismo ritmo que las advertencias de la madre de ella, médica habituada a tratar a chicas atrapadas en vínculos destructivos. La novela plantea desde sus primeras páginas la tensión entre el deseo, la inexperiencia y una vigilancia que quizá no sea del todo infundada.
Angelet Verini llega a Capri para pasar un mes con su familia y con Rosina, su amiga de siempre. Tiene dieciocho años, buenas notas y un futuro trazado por otros: será médica, como su madre. No tiene novio ni le interesa tenerlo; los chicos de su colegio en Módena le parecen previsibles. El verano, sin embargo, la sorprende con algo que no había leído más que en las novelas.
Alessandro Ricardi la ve por primera vez en la orilla, riendo con su amiga, y decide en ese mismo instante que la quiere para sí. Tiene veinticuatro años, dirige una concesionaria familiar en Roma y ha viajado a la isla por un negocio que ya cerró; se quedó porque le convenía quedarse. Su acercamiento es metódico: averigua el nombre de ella antes de hablarle, mide las distancias, elige un restaurante en plena calle para que la invitación no parezca una trampa. Angelet, tímida hasta el sonrojo, se descubre fascinada y asustada a partes iguales, con la sensación inexplicable de conocerlo desde siempre.
Entre ambos se interpone la doctora Clara Verini, madre de Angelet y figura central del conflicto. Su trabajo con adolescentes anoréxicas atrapadas en relaciones abusivas le ha enseñado a reconocer un patrón, y cree reconocerlo aquí. Prohíbe, castiga, vigila. El padre sugiere que exagera. La novela no resuelve de inmediato quién tiene razón: deja que el lector sopese las advertencias de una mujer que quizá proyecta sus casos clínicos sobre su hija, y los gestos de un hombre que habla de destino mientras calcula plazos.
Un incidente violento en el centro de la isla —un grupo de jóvenes que rodea a las dos amigas— coloca a Alessandro en el papel de rescatador, y con él llega el reclamo implícito de una recompensa. Angelet se niega y sostiene su negativa; él responde ofreciéndole el título de novia y una casa en Roma. Las vacaciones terminan sin que ninguno de los dos sepa lo mismo del otro: ella regresa a Módena convencida de que la olvidará; él vuelve a su empresa con la dirección de la joven anotada y la decisión de ir a verla sin avisar.
Escrita en tercera persona con acceso alterno a las cabezas de sus personajes, la novela deja oír a la vez el enamoramiento de Angelet, el cálculo de Alessandro y la alarma de Clara. Ese contrapunto es su recurso más eficaz: el lector conoce las intenciones que la protagonista ignora, y el título anticipa hacia dónde puede derivar un vínculo que empieza como romance de verano.