La legendaria colección de novelas policiales que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares lanzaron en febrero de 1945 desde la editorial Emecé. Con La bestia debe morir de Nicholas Blake como primer título, el proyecto transformó la…
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La legendaria colección de novelas policiales que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares lanzaron en febrero de 1945 desde la editorial Emecé. Con La bestia debe morir de Nicholas Blake como primer título, el proyecto transformó la percepción de un género considerado menor, elevándolo mediante rigor intelectual y depuración estética. Bajo la dirección de ambos escritores hasta mediados de los años sesenta, El Séptimo Círculo redefinió los cánones del policial en español.
El Séptimo Círculo, lanzado en febrero de 1945 por Emecé, fue el ambicioso proyecto de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares para elevar la novela policial al rango de género literariamente legítimo. Su prehistoria se remonta a 1935, cuando los dos escritores iniciaron una exploración común de la narrativa policial, alimentados por lecturas del Times Literary Supplement. Esta colaboración fructificó primero en las seis historias de don Isidro Parodi, publicadas en Sur durante 1942, anticipando la depuración estética que caracterizaría la colección. Entre 1940 y 1945, Borges y Bioy fungieron como intelectuales promotores del género, escribiendo reseñas que legitimaban la novela policial ante un público cultivado, diferenciándola deliberadamente del folletinismo comercial. Las primeras entregas de El Séptimo Círculo, publicadas entre 1945 y 1946, establecen un espíritu distintivo que sus directores preservaron. El catálogo integra tres líneas de selección: la novela-problema clásica con autores como John Dickson Carr, Michael Innes y Anthony Gilbert; escritores consagrados en otros géneros como Chejov y Graham Greene; y la vertiente rioplatense con aportes de Bioy Casares, Silvina Ocampo, Manuel Peyrou y otros narradores locales. La estética rigurosa de los directores excluía deliberadamente el hard-boiled norteamericano de Hammett y Chandler, rechazado como excesivamente violento y carente de rigor lógico. Traductores del círculo íntimo como el poeta J. R. Wilcock, la madre de Borges y Estela Canto integraron el proyecto. El artista José Bonomi proporcionó elegantes portadas con composiciones armónicas que se mantuvieron durante décadas. El Séptimo Círculo no fue meramente una empresa comercial, sino una intervención estética que intelectualizó y jerarquizó un género considerado menor, transformando decisivamente los cánones de la novela policial en español.
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