Arcana Mundi reúne, en una sola secuencia ordenada, ciento veintidós pasajes griegos y latinos que dejan oír cómo se hablaba de lo oculto en la Antigüedad: hechizos de amor y de daño, evocaciones de muertos, consultas oraculares, sueños…
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Arcana Mundi reúne, en una sola secuencia ordenada, ciento veintidós pasajes griegos y latinos que dejan oír cómo se hablaba de lo oculto en la Antigüedad: hechizos de amor y de daño, evocaciones de muertos, consultas oraculares, sueños interpretados, horóscopos, tratados alquímicos y polémicas filosóficas sobre la teúrgia. Junto a Homero, Virgilio, Séneca o Luciano aparecen las tablillas de plomo, las inscripciones votivas y los papiros mágicos de Egipto, es decir, la letra práctica del oficio. Un prefacio extenso, escrito para la edición española, sitúa el material y discute las fronteras porosas entre magia, religión, medicina, filosofía y ciencia en el mundo antiguo.
Este volumen es a la vez una antología y un argumento. La antología recorre la literatura griega y romana desde la Odisea hasta los tratados alquímicos tardíos, agrupando los testimonios por familias temáticas: la magia de encantamiento y maleficio, con Circe, las brujas de Horacio, la Simeta de Teócrito, la Dido de Virgilio y la Medea de Séneca; el milagro y la demonología, con Apolonio de Tiana, Apuleyo, Plotino, Porfirio y Jámblico; la comunicación con los muertos y el descenso al mundo inferior, de Homero y Esquilo a la Erictho de Lucano; la adivinación, con Dodona, Delfos, Cicerón, Plutarco y Artemidoro; la astrología, con Manilio, Ptolomeo y Vecio Valente; y, al final, la alquimia, con el Ouroboros, Zósimo y el Libro de Comario.
Lo distintivo de la selección es que no se limita a los grandes nombres. Junto a los poetas y los filósofos figuran documentos de uso: inscripciones latinas, una lámina de execración africana, exvotos de Epidauro, un papiro de Tebtunis y decenas de recetas de los papiros mágicos griegos, con sus nombres divinos impronunciables, sus gestos rituales y sus instrucciones para fabricar figurillas atravesadas por agujas. Ese contraste —la literatura que imagina la magia y el manual que la ejecuta— es el nervio del libro.
El prefacio preparado para la edición española funciona como ensayo introductorio y como puesta al día. Allí se examinan las relaciones entre magia y ciencia, entre magia y religión y entre magia y filosofía, y se muestra hasta qué punto las clasificaciones heredadas del siglo XIX resultan frágiles: definir la magia como religión mal entendida o como ciencia fallida presupone saber de antemano cuál es la religión verdadera y cuál la ciencia legítima. Se explican también las nociones que articulan el conjunto —la simpatía cósmica formulada por Posidonio, la dýnamis o poder que reside en un nombre y una fórmula, los principios de semejanza, contacto y oposición— y se repasan las tipologías propuestas: magia directa e indirecta, privada y oficial, ritual y natural, ninguna del todo satisfactoria. Un tramo final amplía el horizonte más allá de Grecia y Roma, con apuntes sobre la magia hitita, sumero-acadia, egipcia y judía, sobre el sincretismo alejandrino y sobre la investigación reciente en torno a las tablillas de maldición, la farmacología antigua y los amuletos.
El resultado es un libro doble: una colección de fuentes accesible a quien quiera leer los textos por sí mismo y un marco interpretativo que insiste, sin condescendencia, en tomarse en serio unas prácticas que para la mayoría de los antiguos no eran superstición ajena, sino una manera de tratar con el mundo. La versión castellana corre a cargo de Elena Gallego Moya y Miguel E. Pérez Molina.