A trescientos setenta mil kilómetros de la Tierra, el oxígeno se agota. Jim Lovell y su tripulación flotan suspendidos entre la Luna inalcanzable y un regreso imposible.
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A trescientos setenta mil kilómetros de la Tierra, el oxígeno se agota. Jim Lovell y su tripulación flotan suspendidos entre la Luna inalcanzable y un regreso imposible. Una nave dañada, combustible evaporándose, aire que se respira lentamente. En Houston, los equipos trabajan contra las implacables leyes del espacio para traer a los astronautas con vida. Un relato sobre la fragilidad humana ante el vacío infinito.
La noche del 13 de abril de 1970, a trescientos setenta mil kilómetros de la Tierra, la misión Apolo 13 dejó de ser rutinaria. En el silencio gélido del espacio, una explosión silenciosa: dos de los tres tanques de combustible se vaciaron instantáneamente. El oxígeno se dispersaba en la inmensidad. Jim Lovell y su tripulación encaraban la realidad más desnuda del vuelo espacial.
Solo una hora y cincuenta y cuatro minutos de oxígeno respirable quedaban. Después, el dióxido de carbono se convertiría en su único aire: un veneno lento que haría jadear, sudar, delirar, mientras la nave proseguía hacia la Luna sin tripulación, condenada a una órbita excéntrica y absurda, un monumento flotante a la tecnología humana del siglo XX.
Pero la crisis no era únicamente un drama técnico. En Houston, los equipos de control descifraban datos fragmentarios. En Nueva York, Jules Bergman interrumpía la transmisión de Dick Cavett—donde se bromeaba sobre la falta de audiencia en los lanzamientos espaciales—con noticias que paralizarían el mundo: tres hombres en peligro mortal a mitad de camino a la Luna.
La obra entrelaza tres dimensiones del drama: la intimidad de los astronautas enfrentando la muerte en la oscuridad cósmica, el frenético trabajo de ingenieros en Houston buscando soluciones imposibles, y la transmisión en tiempo real de la crisis al mundo entero.
Pero el relato comienza el 27 de enero de 1967, cuando Jim Lovell cenaba en la Casa Blanca mientras su amigo Ed White moría carbonizado en la nave Apolo 1. Era el precio invisible de la carrera espacial. Lovell desconocía que su propio futuro también estaría marcado por la tragedia y la supervivencia en el espacio.
Este es un relato de seres humanos enfrentándose a lo imposible, donde la tecnología no basta, donde solo permanece el ingenio, el coraje y la determinación de permanecer vivo.