Veintiún años después de «la guerra que acabaría con las guerras», británicos y franceses volvieron a enfrentarse al mismo enemigo. Este ensayo narrativo reconstruye la década que llevó de aquel «¡Nunca más!» al estallido de septiembre de…
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Veintiún años después de «la guerra que acabaría con las guerras», británicos y franceses volvieron a enfrentarse al mismo enemigo. Este ensayo narrativo reconstruye la década que llevó de aquel «¡Nunca más!» al estallido de septiembre de 1939, siguiendo la política de apaciguamiento desde el nombramiento de Hitler como canciller hasta el final de la guerra ilusoria. Un relato construido con diarios, cartas, despachos diplomáticos y prensa de la época, atento tanto a los grandes nombres como a los actores olvidados.
La Primera Guerra Mundial dejó más de dieciséis millones y medio de muertos y una convicción compartida: que aquello no podía repetirse. El cenotafio de Whitehall no se inauguró como arco de triunfo sino como símbolo de pérdida, y durante dos décadas ese duelo condicionó lo que los gobiernos europeos creyeron posible. Sin embargo, volvió a ocurrir. Este libro se propone explicar cómo.
El eje es la política de apaciguamiento: los intentos británicos y franceses de evitar la guerra mediante concesiones «razonables» a Alemania e Italia durante los años treinta. Frente a las lecturas extremas —desastre moral por un lado, prudencia cristiana y sensata por otro—, la obra recorre el periodo completo, desde el nombramiento de Hitler como canciller en enero de 1933 hasta el final de la guerra ilusoria, para mostrar cómo cambiaron actitudes, cálculos y decisiones con el paso de los meses.
La narración arranca en las horas decisivas de septiembre de 1939: los Comunes esperando una declaración de guerra que no llega, la rebelión de doce ministros encerrados en un despacho de Westminster, la tormenta que estalla sobre Downing Street mientras Chamberlain pronuncia las palabras definitivas. Desde ahí el relato retrocede a 1933, cuando la prensa británica y francesa despachaba al nuevo canciller alemán como un demagogo pasajero, un «decorador de interiores austriaco» destinado a durar lo mismo que sus predecesores, y sigue el rastro de los primeros meses del régimen: el incendio del Reichstag, la ley habilitante, Dachau, el boicot a los negocios judíos y las reacciones —indignadas, indiferentes o cómplices— que provocaron fuera de Alemania.
Aunque el asunto es internacional, el foco está puesto en la política, la sociedad y la diplomacia británicas de una potencia que aún se veía a sí misma como el centro del mundo. Junto a Chamberlain, Halifax, Churchill, Daladier o Roosevelt aparecen figuras menos conocidas, entre ellas los diplomáticos aficionados y los notables que se convirtieron en defensores involuntarios del régimen. Apoyado en más de cuarenta colecciones de documentos privados, el libro privilegia el material inédito y construye una crónica cronológica que devuelve al lector la incertidumbre, el drama y los dilemas reales de aquellos años, con preguntas que siguen abiertas: ¿y si la guerra era inevitable?, ¿y si el deseo mismo de evitarla la hizo más probable?
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