Una joven colombiana que ha dejado su país en búsqueda de sí misma encuentra en Montana un refugio inesperado junto a su mejor amiga, cuya batalla contra una enfermedad devastadora se entrelaza con el descubrimiento de una atracción que la…
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Una joven colombiana que ha dejado su país en búsqueda de sí misma encuentra en Montana un refugio inesperado junto a su mejor amiga, cuya batalla contra una enfermedad devastadora se entrelaza con el descubrimiento de una atracción que la sacude. Entre el dolor silencioso del duelo anticipado y los ecos de violencia en el octágono de las peleas clandestinas, Kat navegará los laberintos del amor y la lealtad mientras el tiempo se vuelve un lujo incierto.
Una atmósfera de nostalgia permea cada paso de Kat por las calles de Helena, Montana. Lejana de su hogar colombiano, la joven luchadora encuentra en el exilio una extraña paz, aunque cargada de culpa y melancolía. Su vida orbita alrededor de Olivia, su mejor amiga convertida en hermana elegida, cuya promesa de cantar en el restaurante familiar se nubla ante el diagnóstico de un tumor cerebral que tiembla en la penumbra de todos sus días.
Entre entrenamientos brutales en peleas clandestinas y turnos como barista, Kat golpea y es golpeada, cada impacto una forma de castigo por haber escapado, de purificación a través del dolor. Las calles mojadas de lluvia, los auriculares siempre a volumen máximo, la música como escudo —Led Zeppelin, Foreigner, Muse— se envuelven alrededor de su soledad. Cada canción es un hilo que la mantiene unida a sí misma mientras el mundo a su alrededor se deshace.
Entonces aparece él, en un pasillo de Walmart entre refrigeradores y luces fluorescentes, con unos ojos verdes que desbaratan la cuidada construcción de su indiferencia. El encuentro es casual, casi brutal en su intensidad: dedos que se rozan sobre un paquete, palabras cortantes lanzadas como puñetazos, una retirada que no es tal porque sus ojos siguen siendo vistos desde la nuca. Hay algo en ese hombre refinado, en el modo en que examina sus cardenales de pelea, que despierta en ella tanto miedo como deseo.
La novela respira con el tempo de una canción que no termina, donde los silencios importan tanto como las palabras. La culpa por estar viva, el deseo salvaje que hierve en sangre, la necesidad de pertenencia que carga toda inmigrante: todo converge en este viaje hacia descubrir que a veces perderse es la única forma de encontrarse.