Monografía institucional publicada en 2013 por los ministerios de Economía y Competitividad y de Educación, Cultura y Deporte sobre Ángela Ruíz Robles, la maestra leonesa afincada en Ferrol que entre 1949 y 1962 patentó los llamados…
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Monografía institucional publicada en 2013 por los ministerios de Economía y Competitividad y de Educación, Cultura y Deporte sobre Ángela Ruíz Robles, la maestra leonesa afincada en Ferrol que entre 1949 y 1962 patentó los llamados «libros mecánicos» y llegó a construir un prototipo de su Enciclopedia Mecánica, hoy considerada un antecedente del libro electrónico.
Este volumen colectivo reconstruye la trayectoria y la obra inventiva de Ángela Ruíz Robles (1895-1975), maestra nacional nacida en León y establecida en Ferrol desde 1918, cuya ambición pedagógica la llevó a imaginar un libro que no fuera de papel encuadernado sino una máquina ligera, portátil e interactiva.
La parte central del libro, firmada por una investigadora del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, analiza con detalle documental las dos patentes que dan sentido a esa idea. La primera, presentada en diciembre de 1949 con el título «Un procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para la lectura de libros», describía un sistema de pulsadores capaz de elevar o iluminar placas con lecciones fragmentadas tras una pantalla de aumento. De ella nacieron modelos concretos —entre ellos uno construido sobre la figura del «cerdito flautista», con once conceptos de lenguaje en el anverso y catorce de matemáticas en el reverso— en los que cada pulsador encendía un texto breve, en una lógica de vínculos que el estudio interpreta como una forma remota de hipertexto. La segunda patente, de abril de 1962, «Un aparato para lecturas y ejercicios diversos», simplificó el proyecto: suprimió la pulsación eléctrica, agrupó abecedarios y números de accionamiento manual junto a tres bobinas de papel vegetal que avanzaban horizontalmente tras láminas de aumento o graduadas, y reservó un espacio inferior para un reproductor de sonido.
El relato sigue también el destino material del invento: el boceto conservado en papel cebolla de la Enciclopedia Mecánica original, con sus ruedas porta tipos y sus bobinas intercambiables por asignatura; el prototipo fabricado en bronce, zinc y madera en el Parque de Artillería de Ferrol, con sus 24 centímetros de alto y sus casi cinco kilos, expuesto desde 2012 en la sede coruñesa del MUNCYT y alterado por sucesivas intervenciones ajenas al diseño de la autora; y el anteproyecto que ITEMA, S.A. redactó en 1971 para producirlo en plástico y acero en series de diez mil unidades a un precio asequible para cualquier escolar, frustrado por una barrera económica de más de cien mil pesetas.
Un segundo bloque, de tono más biográfico y sociológico, sitúa a la inventora en su contexto: la escuela de la posguerra con suelos de tierra, quinqués y braseros, la educación segregada por sexos, las corredoiras gallegas y los oficios femeninos del Ferrol portuario —cargadoras, lavanderas, aguadoras—. Ahí aparecen su primer destino en Santa Uxía de Mandía, el expediente de depuración abierto en 1936 y archivado en 1941, la Cruz de Alfonso X el Sabio de 1947, los dieciséis libros salidos de su máquina de escribir, su método taquigráfico, el Atlas Gramatical y el Atlas Científico Gramatical, sus clases nocturnas gratuitas y la Academia Elmaca, fundada para formar a quienes la guerra dejó sin trabajo. Frente a la afirmación de que las mujeres carecían de talento creador —citada en el libro como testimonio de la época—, el conjunto documenta a una autora que pagó las anualidades de su segunda patente hasta el año de su muerte, convencida de que la técnica debía aliviar el esfuerzo de aprender.
Completan la obra las memorias descriptivas de ambas patentes y el estudio de ITEMA, reproducidos en anexos, junto a las láminas y fotografías que permiten seguir, plano a plano, la gestación de una idea que se adelantó varias décadas a sus propios medios técnicos.
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