Compilación de relatos breves de la tradición judía reunida por el rabino y docente Simón Moguilevsky a lo largo de medio siglo de enseñanza. El volumen ordena en dos grandes bloques —anécdotas del Talmud y episodios de maestros jasídicos—…
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Compilación de relatos breves de la tradición judía reunida por el rabino y docente Simón Moguilevsky a lo largo de medio siglo de enseñanza. El volumen ordena en dos grandes bloques —anécdotas del Talmud y episodios de maestros jasídicos— una sucesión de escenas mínimas donde sabios, discípulos, sirvientes y vecinos discuten qué significa aprender, dar, consolar y comportarse con el prójimo. Cierra con reseñas biográficas de las figuras citadas. Concebido como material de consulta para maestros y guías espirituales, se abre además al lector no judío que desee acercarse a esta tradición sin conocimientos previos.
Hay libros que no argumentan: muestran. Este pertenece a esa familia. En lugar de exponer los principios de la ética judía en forma de tratado, los pone en escena mediante decenas de relatos de apenas unas líneas, cada uno con su gesto, su réplica y su desenlace. Un rabino que llega tarde a una reunión y elige la última fila. Un padre que deja dos cartas para que sus hijos comprendan qué se lleva uno al morir. Un maestro que repite cuatrocientas veces la misma lección, y luego otras cuatrocientas. Un sabio que resuelve una herencia disputada observando quién se niega a faltarle el respeto a una tumba.
La obra se organiza en dos partes. La primera reúne anécdotas del Talmud babilónico, con algunos pasajes del jerosolimitano, tomadas de la antología clásica «Ein Iaakov», compuesta en el siglo XV por Iaakov ben Jabib —expulsado de España y radicado en Salónica— y completada por su hijo Leví. Son piezas que circularon durante siglos entre la gente común, leídas en las sinagogas entre el rezo de la tarde y el de la noche, y que privilegian el sentido llano del texto por encima de la especulación erudita. La segunda parte se traslada a la Europa oriental de los maestros jasídicos, cuyas respuestas nacieron en comunidades atravesadas por la pobreza, la inestabilidad y la persecución; el compilador subraya que muchos de esos hombres conocieron la estrechez en carne propia, y que esa experiencia afinó su capacidad de aliviar la de otros. Un tercer tramo, a modo de apéndice, ofrece reseñas biográficas de los rabinos citados, de manera que cada voz pueda situarse en su tiempo y su lugar.
Los temas vuelven una y otra vez con distinto ropaje. La humildad como forma verdadera de la grandeza. La caridad entendida no como sentimiento sino como acto —primero se da, después se bendice—. La responsabilidad hacia el desconocido, tan exigente como la que se debe al propio hijo. El estudio como el único capital que no puede perderse. La palabra, capaz de ser lo mejor y lo peor que se sirve en una mesa. La reciprocidad entre el trato que damos y el que recibimos, formulada en la imagen de una sombra que copia cada movimiento. También aparecen la paciencia, la alegría con lo que se tiene, el humor que no humilla, la promesa que se cumple ante un niño y el modo de juzgar a alguien por su copa, su bolsillo y su enojo.
El propósito declarado es doble y explícito. Por un lado, servir de repertorio a docentes, guías espirituales y rabinos, y ofrecer una entrada accesible a quienes no recibieron educación judaica en su hogar ni en una escuela. Por el otro —y esto distingue al volumen de otros de su especie, que suelen cerrarse sobre sí mismos— dirigirse al lector no judío, en la convicción de que buena parte de los prejuicios se sostiene sobre el simple desconocimiento. Detrás de la selección hay una trayectoria: cincuenta años de aula, congregación y comunidad, incluidos nueve como rabino en Curitiba, además de labor como traductor. Compilar, aquí, es una forma de enseñar: elegir qué historia contar, y confiar en que alcance.
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