Manual práctico de escritura de comedia firmado por dos guionistas profesionales, que desmonta el chiste pieza por pieza —planteamiento y remate— y enseña a fabricarlo desde cero, con recetas, ejemplos de series y ejercicios para llegar…
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Manual práctico de escritura de comedia firmado por dos guionistas profesionales, que desmonta el chiste pieza por pieza —planteamiento y remate— y enseña a fabricarlo desde cero, con recetas, ejemplos de series y ejercicios para llegar del gag suelto al sketch y al monólogo.
Hay libros que recopilan chistes y hay libros que enseñan a construirlos. Este pertenece decididamente al segundo grupo: se plantea como un taller de escritura cómica donde el humor se trata como un oficio artesanal, con sus materiales, sus herramientas y sus fallos de fabricación. La premisa de partida es tan simple como exigente: para escribir humor no hace falta un talento excepcional, hace falta método, voluntad y muchas horas de reescritura.
El armazón teórico es breve y va al grano. Todo chiste, sostienen los autores, se sostiene sobre dos piezas: un planteamiento que empuja al oyente en una dirección determinada y un remate que traiciona esa expectativa. La clave está en el equilibrio —el remate debe ser ilógico, sí, pero conservar una relación reconocible con lo planteado; si se rompe del todo el hilo, no hay chiste, hay disparate—. A partir de esa mecánica elemental, el libro renuncia deliberadamente a la clasificación tradicional por colores (blanco, verde, negro) y propone otra: ordenar los chistes por cómo funcionan, no por lo que cuentan. La misma maquinaria puede mover una broma infantil o una macabra.
De ahí en adelante, cada capítulo desmonta un mecanismo distinto: la polisemia y el calambur, el contraste o expectativa traicionada, la analogía, la falsa verdad, la exageración, el sarcasmo y la ironía, la perogrullada, el running gag, lo escatológico, el gag físico, el equívoco verbal, el mutis, el surrealismo, el llamado humor inteligente y el uso de estereotipos. El tratamiento es sistemático y deliberadamente doméstico: se elige una palabra, se le buscan dos significados alejados entre sí, se levanta la estructura alrededor. Hay listas para practicar, encargos concretos y una insistencia constante en que el chiste, dentro de una ficción, no puede ser un adorno: debe empujar la historia hacia delante.
Los ejemplos son la mejor parte del andamiaje, y proceden de registros muy diversos: diálogos de series estadounidenses y británicas de distintas épocas, animación, sitcoms de sobremesa, humor gráfico de viñeta con carga social, monologuistas clásicos españoles, la tradición del chiste oral contado con acento y vaso de whisky, e incluso una recopilación griega del siglo IV que demuestra que el oficio viene de lejos. Cada fragmento se disecciona señalando dónde está el giro y por qué el público se ríe justo ahí.
La segunda mitad del recorrido amplía la escala: del chiste aislado al sketch, del sketch al monólogo, con capítulos dedicados a escribirlos también en tiempo real, además de canciones humorísticas y un repaso a grandes cómicos. Todo ello escrito en un tono que practica lo que predica —autoparódico, digresivo, permanentemente dispuesto a reírse de sus propios autores, de sus ingresos y de la propia utilidad del manual—, hasta el punto de que el libro funciona simultáneamente como material didáctico y como pieza de humor.
El resultado interesa a quien escribe comedia para televisión o teatro, pero también a cualquiera que quiera entender la ingeniería que hay debajo de una carcajada: por qué un mismo chiste triunfa o se hunde según quién lo cuente, cuándo y ante quién.
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