Reunión de textos breves sobre el amor y su reverso: la soledad que a veces habita dentro de las relaciones. Entre la reflexión ensayística y el relato, el volumen recorre encuentros, despedidas, confesiones y dudas —una conversación bajo…
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Reunión de textos breves sobre el amor y su reverso: la soledad que a veces habita dentro de las relaciones. Entre la reflexión ensayística y el relato, el volumen recorre encuentros, despedidas, confesiones y dudas —una conversación bajo los soportales de Florencia, un viaje en tren como metáfora de la vida, un paseo nocturno por una ciudad helada— para preguntarse qué significa amar, ser amado y saber estar consigo mismo.
«Amor y algo más» reúne una treintena de textos breves que se mueven con naturalidad entre el ensayo íntimo y el relato: piezas que examinan el sentimiento amoroso desde sus distintas caras —la soledad, el dolor, la traición, la felicidad— y estampas narrativas donde esas ideas toman cuerpo en personajes concretos.
El libro abre con una reflexión sobre una paradoja incómoda: la posibilidad de sentirse profundamente solo junto a la persona amada. No la soledad de quien no tiene a nadie, sino la interior, la que aparece cuando el otro ha dejado de ocupar espacio en el corazón. A partir de ahí, el texto examina la incomprensión como raíz de esa distancia, describe parejas que parecen recitar un guion ya ensayado y propone la empatía como semilla de toda complicidad verdadera. También mira alrededor con cierto desencanto: una sociedad que llena el tiempo de distracciones para no encontrarse consigo misma, hombres que han perdido las ganas de conquistar, mujeres que ya no desean dejarse seducir, y un miedo compartido a establecer vínculos que vayan más allá de una noche. La conclusión no es amarga sino práctica: hay una soledad elegida, creativa, fértil, que enseña a distinguir; y saber estar solo es la manifestación exterior de una íntima seguridad.
Esa tesis reaparece dramatizada en las piezas narrativas. En «El vendedor de libros», un anciano de barba blanca monta su tenderete de volúmenes usados bajo los soportales de los Uffizi, en una Florencia lluviosa, y sostiene un largo duelo verbal con una joven elegante y escéptica que no entiende para qué sirve leer. Él defiende que los libros no sirven para saber, sino para pensar; ella replica con la experiencia de un desengaño y con la pregunta que ordena todo el volumen: cómo encontrar el equilibrio entre saber amar y ser amado. El juego que acuerdan —abrir un libro al azar y leer un párrafo— desemboca en un gesto silencioso y luminoso. En «El libro y la rosa», un narrador insomne convierte un viejo trenecito de hierro en metáfora del viaje vital: subir o quedarse en el andén, los pasajeros que acompañan un tramo y bajan sin decir nada, la muchacha que regaló un libro y recibió tres rosas rojas, y los cinco meses que resultaron demasiado poco. «Una viejecita» arranca a medianoche, con diez grados bajo cero, cuando un hombre prefiere el frío de las calles heladas al peso de sus propios pensamientos entre cuatro paredes.
El índice anticipa el resto del recorrido —Lisboa, los cisnes de Ginebra, el desierto, la montaña, el tarot, la bailarina, los castillos de arena, la carta a un desconocido, la confesión de una mujer— agrupado en torno a núcleos reconocibles: la soledad, el dolor, la traición. Los textos comparten un tono de conversación en voz baja, la preferencia por el detalle concreto (un taburete de mimbre, una vela que se consume, unos balcones barrocos) y una vuelta constante a las mismas preguntas, formuladas sin pretensión de respuesta definitiva.
Primer libro de Samuele Beni Abram, nacido en Florencia y afincado en Barcelona, el volumen está dedicado a todas las mujeres a las que ha amado y que lo han amado. Su lectura admite el orden salteado: cada pieza se sostiene sola, aunque juntas dibujen un mismo mapa sentimental.