Una mujer recién llegada de Nueva York y un granjero australiano de trato áspero se cruzan por culpa de un perro indisciplinado que arruina la competición de pastoreo más importante del año.
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Una mujer recién llegada de Nueva York y un granjero australiano de trato áspero se cruzan por culpa de un perro indisciplinado que arruina la competición de pastoreo más importante del año. Entre ovejas desperdigadas, malentendidos y una niña que carga con una historia difícil, ambos descubren que el desastre inicial puede ser el comienzo de algo distinto.
Jack Morgan lleva seis años buscando una vida sin sobresaltos y casi lo había conseguido. Granjero de manos curtidas y gesto cerrado, tiene en Jessica —su perra pastora— la promesa de un título nacional que solo depende de una última prueba en una exhibición regional, al abrigo de las montañas de Garriwerd. Todo marcha según lo previsto hasta que un schnauzer gris, rechoncho y absolutamente incapaz de obedecer, irrumpe en la pista y dispersa el rebaño en cuestión de segundos.
Detrás del animal aparece Bryony Lester: alta, pelirroja, de ojos verdes y con una asombrosa capacidad para atraer el caos. Acaba de instalarse en la zona tras años en Estados Unidos y su amiga Myrna le había asegurado que la feria sería una buena forma de conocer al vecindario. En lugar de eso, provoca la descalificación del competidor más respetado del concurso y se gana la antipatía inmediata del hombre más atractivo que ha visto nunca. Bryony se disculpa con obstinada franqueza; Jack responde con monosílabos y mandíbula apretada. Ninguno de los dos consigue apartar la mirada del otro.
Entre ellos se interpone —y a la vez los une— Maddy, una niña de seis años recién llegada de California, delgada como un junco y desconfiada del contacto físico. Es hija de Jack, aunque la relación entre ambos apenas empieza a construirse: la pequeña ha perdido a la abuela que la crió, sabe que su madre no la quiere y se encoge cuando alguien alza la voz. Que se aferre espontáneamente a la mano de Bryony sorprende a todos, incluido su padre, que insiste con voz dolida en que las cosas no son lo que parecen.
La jornada se complica todavía más cuando el fugitivo Harry aparece hundido en un montón de estiércol y una manguera bienintencionada deja a Bryony empapada e imposible de transportar en coche. La única alternativa es la camioneta de Jack, y es Maddy quien insiste en ofrecerla. Así, casi a su pesar, el granjero que había decidido no volver a sonreírle a una mujer se encuentra compartiendo trayecto con quien le ha costado un campeonato.
Una comedia romántica rural de ritmo ágil y humor cálido, donde los animales tienen más criterio que las personas, las disculpas se acumulan sin surtir efecto y una niña silenciosa reconoce antes que nadie lo que los adultos tardarán en admitir.