Tras un año de trabajo en Londres, la periodista Amelia Clarck regresa a Nueva York dispuesta a retomar su vida: su viejo apartamento, su redacción, su mejor amiga.
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Tras un año de trabajo en Londres, la periodista Amelia Clarck regresa a Nueva York dispuesta a retomar su vida: su viejo apartamento, su redacción, su mejor amiga. Lo que no anticipa es cruzarse con Dominic Di Giovanni, un ejecutivo tan magnético como imposible, ni descubrir demasiado tarde que el hombre que la desarma es la nueva pareja de su amiga Christy. Una novela romántica contemporánea sobre el deseo que llega en el peor momento y el precio de elegir entre lo que se siente y lo que se debe.
Amelia Clarck vuelve a Nueva York con las maletas llenas de un año entero de trabajo en Londres y muy pocas historias que contar sobre sí misma. La ciudad la recibe como si nunca se hubiera ido: el portero que la abraza hasta dejarla sin aire, la vecina del sexto, el coche con el depósito a cero, la carrera contrarreloj para no llegar tarde a la redacción. Amelia es capaz de entrevistar a un primer ministro sin pestañear y, al mismo tiempo, de convertir una mañana cualquiera en una pequeña catástrofe doméstica. Ese contraste —solvencia profesional y caos personal— es el pulso de toda la novela.
El reencuentro con su rutina dura exactamente lo que tarda en abrir la puerta del despacho de su jefe. Allí, cargada de carpetas y sin ver por dónde camina, alguien le quita el peso de las manos: un hombre alto, de traje impecable y ojos de un azul imposible que la mira como si ya supiera algo que ella todavía ignora. Se llama Dominic Di Giovanni, trabaja para una de las empresas asociadas al periódico y basta un cruce de miradas para que Amelia entienda que acaba de meterse en un problema. Los encuentros se repiten con esa insistencia que ya no parece casualidad: un tropiezo a la salida del edificio, un ascensor compartido, una pregunta demasiado personal formulada con demasiada calma.
A su alrededor, la vida sigue reclamando su sitio. Jeremy, el compañero rubio con quien compartió un pasado que ninguno de los dos ha terminado de cerrar, la espera en el restaurante de siempre y la mira como el primer día. Clare, la becaria recién llegada que ocupa el escritorio contiguo, se declara rival antes que colega. Y Christy —su amiga del alma, luminosa, incapaz de guardar un secreto durante más de diez segundos— aparece una noche con comida china y la noticia de un nuevo amor: un italiano perfecto, encantador, distinto a todos los anteriores. Se llama Dominic.
A partir de ahí, cada gesto cotidiano se carga de electricidad. Cuando su jefe le encarga un proyecto que la obliga a trabajar codo con codo precisamente con Di Giovanni, Amelia comprende que no podrá esquivarlo ni fingir indiferencia. Deberá sostener la mirada del hombre que no le corresponde desear, mentirle o no a la persona que más quiere, y decidir si la lealtad se defiende callando o diciendo la verdad.
Narrada en primera persona, con humor ligero, diálogos vivos y una mirada afectuosa hacia la amistad femenina, la novela avanza entre oficinas, cafés fríos, mensajes a medianoche y armarios reformados por una amiga entrometida. Bajo la comedia romántica late una pregunta incómoda: ¿hasta dónde se puede llegar por seguir al corazón sin destruir lo que ya se tiene? Una historia de atracción prohibida, celos, secretos y pasión, construida sobre personajes que se equivocan de manera profundamente humana.